Mostrando entradas con la etiqueta Lecturas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lecturas. Mostrar todas las entradas

jueves, 5 de mayo de 2011

*El mal de escuela

En la primavera de 1954 el alumno Daniel Pennac, de diez años de edad, nacido en Casablanca, recogía su boletín de notas. Las Artes Plásticas no se le daban mal... "dibuja a la perfección, salvo en clase", advertía el profesor; la educación musical podría sonar mejor en sus oídos si no hablara todo el rato; por las sesiones de gimnasia se le veía poco y en los ejercicios de Gramática se mostraba "alegre como compañero y mediocre como alumno"; en Matemáticas "le faltaba base"; en la hora del Inglés hablaba mucho, pero era incapaz de pronunciar una sola palabra en la lengua de Shakespeare; el de Educación Técnica dictaba sentencia: "No ha hecho nada y ha rendido menos". Conclusión: Daniel Pennac componía en el argot académico el fatídico retrato robot del "Cancre". El cangrejo. Alguien que a los doce años no había demostrado nada.
Medio siglo después, este profesor es el autor del "bestseller" pedagógico "Mal de escuela", en el que disecciona los cuerpos y almas de esos jóvenes que copan en los expedientes académicos el apartado del fracaso escolar. ¿Fracaso de quién? ¿Del alumno gamberro? ¿Del profesor que no lo da todo en la hora de clase? ¿Del sistema público de educación? ¿De una familia que no presta suficiente atención al educando?
En estos tiempos en los que nuestro modelo de sociedad se tambalea, y todas las miradas se dirigen hacia la escuela, la desmembración familiar y los guetos multiculturales, Pennac prefiere observar la singularidad humana: "guardémonos mucho de subestimar lo único sobre lo que podemos actuar personalmente y que además data de la noche de los tiempos pedagógicos: la soledad y la vergüenza del alumno que no comprende, perdido en un mundo donde todos los demás comprenden", nos advierte.

.-Identifica usted al fracasado escolar con el término "cancre".
Es una palabra específicamente francesa, difícil de traducir en ninguna otra lengua. Cuando me preguntan qué es un mal alumno me cuesta responder. Hoy nadie habla de "cancres": simplemente se le califica de zoquete, o inútil. Un cero a la izquierda.

.-Pero, etimológicamente, el "cancre" es el cangrejo.
Sí, un animal que camina de lado, lentamente; la otra acepción se refiere al cáncer. Ser un fracasado en la escuela es como un cáncer que no se cura, un proceso sometido a sucesivas recaídas. Una persona acomplejada. Yo me enfrento a ese niño que no comprende al profesor. Ese, que tras las primeras evaluaciones negativas, acaba confinado en la inhibición intelectual. En esa tristeza, que conozco tan bien, se incuba la personalidad del que huye, del perezoso, de aquel que no consigue nunca explicar lo que le ocurre.

.-Usted fue un niño "cancre".
Sí. El cancre vive instalado en el estupor permanente, una situación que me interesa como profesor. Un objeto de análisis que se asemeja mucho al niño que yo fui y que nunca olvidaré. Niños que llevan la misma cicatriz que yo conservo: que sienten una profunda vergüenza cuando no consiguen dar con la respuesta correcta. ¡Y la escuela no se interesa por este problema!

.-¿Cómo se manifiesta el "mal de escuela"?

Con dolor. Un dolor muy particular. El de no comprender. No ser capaz de responder a las preguntas del profesor. El sentimiento de ser un imbécil. La decepción de tus familiares y un miedo cerval al porvenir. El dolor del profesor que no consigue hacer progresar al alumno. El fracaso, también, profesional. Las dudas sobre la identidad pedagógica...

.-Las instituciones educativas y la Administración pública optan más bien por los informes estadísticos.

Así es. Dicen: "No hace falta indagar en la naturaleza del mal estudiante! ¡Es tiempo perdido! La sociología, la psicología y la moral no sirven para nada. Al alumno que no obtiene los resultados esperados, según las observaciones del boletín de notas, "le falta base".

.-¿Y eso qué significa?

Pues que cada calificador insinúa que la mala nota no es culpa suya. La institución académica dice que "le falta base" y punto. He aquí una categoría. A este alumno siempre le faltará base. Por esa razón, no me interesa la escuela tomada como institución.

.-¿Y de qué forma se evalúa ese fracaso escolar?

Yo no voy de psicólogo, ni de sociólogo, ni de moralista: me preocupa más el miedo, el temor. Los malos alumnos tienen miedo. ¿De qué? Un miedo que, en todo caso, constituye una barrera para el saber. Como la persona que padece una depresión. Su tristeza es una muralla para la transmisión de conocimientos.

.-¿Cómo se detecta ese temor?

Lo capté en 1969, al cuarto de hora de empezar mi primera clase. Deduje que los alumnos tenían miedo y entraban en un juego agresivo hacia mí: les atemorizaba ser juzgados como cretinos, tontos, imbéciles. En su fuero interno se decían: "Sí, lo que tú digas, soy un cretino, pero te haré la vida imposible: no daré ni golpe".

.-Entonces, ¿la agresividad proviene del miedo?

El miedo no sólo afecta al niño, sino a sus padres, especialmente a la madre. Se percibe en los meses de abril y mayo, con el tercer trimestre. Empiezan las llamadas y las visitas al despacho del profesor porque en las observaciones del boletín de notas aparece la frase lapidaria: "El tercer trimestre será determinante". El miedo de la madre nace de proyectar el presente sobre el futuro de su hijo. De que el futuro sólo sea un presente peor.

.-¿Y qué actitud tienen que adoptar los padres de un alumno inútil?

Una madre se quejaba de que su hijo me lo explicaba todo a mí y a ella no. Le contesté que se debía a que el profesor no era nadie para él y ella lo era todo... Los padres no han de manifestar temor sobre el futuro de su hijo: no sirve de nada. Cuando estudiaba, yo era muy lento y mi madre pensaba que era tonto. Si siempre te dicen que eres tonto, acabas estando de acuerdo.

.-Hay malos alumnos, pero también malos profesores.

Fracasar con un alumno revela nuestros límites profesionales y hace bajar la autoestima. O sea, que el miedo del alumno depara daños colaterales, tanto para el interesado como para familiares y docentes.

.-Reza el refrán que "cada maestrillo tiene su librillo".

Si tenemos un "librillo" debería ser la asignatura que impartimos. En este aspecto los profesores de Lengua lo tenemos mejor que los de Física y Química aunque, en mi época de alumno, el profesor que me salvó la vida daba Matemáticas.

.-¿Cómo le salvó la vida?
Se encontró con una clase tan destructiva como una película de Sam Peckinpah. Robos, desorden, peleas, insultos, mentiras...
Al empezar la clase nos encontramos con una especie de Buda matemático que profesaba un amor inoxidable hacia su asignatura y deseaba transmitir sus conocimientos. No le dábamos miedo. Sabía con quién trataba y estaba convencido de que haría de nosotros unos matemáticos. Y lo consiguió. Trazó un enorme cero en la pizarra. "¿Qué he escrito? La nota que tendréis en Selectividad". Luego preguntó a un alumno: "¿Dos más dos cuánto suman?" "Cuatro", contestó entre risas. Él no se inmutó: "¿Por qué te ríes? ¿No te das cuenta de la inteligencia de tu respuesta? ¿No sabes adónde nos llevará este resultado?". De esta forma nos implicó en esa búsqueda desde la primera hora de clase. Nos aseguró que no volveríamos a mentar la Selectividad y sólo hablaríamos de matemáticas. ¿Matemáticos? ¿Alumnos curiosos? En todo caso, adolescentes con ganas de aprender. Los jóvenes no admiten una autoridad blanda e indefinida, quieren que les riñan si hay un motivo intelectual.

.-En conclusión, la herramienta para vencer el miedo es la asignatura.

Basta con no comportarse como un usurero del saber. Confiar en que tenemos tiempo. Pero... ¿cuánto tiempo pedagógico? El tiempo para conseguir la impregnación de los conocimientos hasta que se produzca la revelación.

.-Los profesores están acuciados por la programación curricular y no lo tienen fácil para tomarse ese tiempo que usted juzga necesario.

Llegamos a la situación extrema del profesor: la soledad de la clase. Nuestra actitud, el hecho de estar allí, constituye un complejo combinado entre el interés por la asignatura, por la clase y el placer de cambiar la realidad. Y todo eso deriva de una actitud personal y no de una formación cultural, por importante que esta sea. Se trata de una hora. Y cuando pase esa hora habrá que pensar en otra cosa. Es la hora de la enseñanza: exige una presencia absoluta. En demasiadas ocasiones, nuestra presencia es fantasmal. Lo que está claro es que no hay que ir a la clase cansado.

.-Esa abulia puede provenir del desánimo de una profesión que ha perdido prestigio social y resortes de autoridad.

No voy a negar que siempre topamos con alguien que no sigue la clase. Te lo están diciendo: "Digas lo que digas, paso". Son alumnos a los que no tienes acceso. Yo también he conocido mis límites docentes y he fracasado. En un instituto de Marsella, los alumnos no miraban al profesor. No hablan, no ríen, como si no existiera. Francamente, no sé cómo resolvería yo una situación así, pero algo habrá que hacer, porque, si no, tendremos que dejar este trabajo. No es mi caso: cuando entro en una clase veo la vida en estado puro.

.-El discurso antiautoritario de "Mayo del 68" no ha ayudado mucho a mantener la disciplina en las escuelas
.
Yo pienso que la raíz de la crisis de la escuela europea está en que los jóvenes de hoy disfrutan de las mismas posibilidades de consumo que sus padres.

.-¿Y por eso han de ignorar y ridiculizar al profesor?

Nuestro principal rival, repito, no son los alumnos sino la "clientelización" de la infancia. Niños clientes de una sociedad de consumo. Consumidores de marcas, telefonía móvil, motos... Lo mismo que sus padres. Eso les confiere una falsa madurez tecnológica, comercial, informática... El consumo ha atiborrado a los jóvenes de deseos desde sus primeros años. Mensajes de la televisión, compulsión por consumir y cambiar constantemente de objetos. Valdría la pena hablar con ellos sobre esos deseos superficiales que ellos consideran necesidades fundamentales. Hacerles distinguir entre deseos y necesidades. Si pudiéramos apasionarlos con la asignatura sería interesante ver qué efecto tendría en la venta de móviles o de zapatillas deportivas.

.-La sociedad se siente decepcionada por los resultados de la escuela, eso que los medios de comunicación han denominado "alarma social".

Y yo me pregunto qué espera esta sociedad tan obsesionada por encontrar culpables y no por buscar soluciones. Vivimos en un mundo que evoluciona de manera absurda.

.-¿Y qué papel han de desempeñar los gobiernos en esa estrategia, además de diseñar planes escolares casi siempre al servicio del partido político en el poder?

Me pregunto si nuestros Estados quieren formar de verdad alumnos inteligentes. Yo diría que no, que al Estado tanto le da la escuela, pero hablar de crisis educativa es una buena manera de desviar la atención. Los políticos hacen siempre de políticos y no demuestran ningún interés por la pedagogía.

.-¿Es posible superar esta crisis general de valores en una sociedad como la occidental, carente en estos momentos de un discurso moral?

Le responderé como padre y profesor: Una buena manera de ser padre y profesor es reencontrar al niño en el niño y al adolescente en nuestros adolescentes. Una verdadera conciencia de afecto y lucidez que encaje con los jóvenes de hoy. Y yo creo que la mayor de las necesidades de los adolescentes es tener delante a adultos que no tengan miedo del futuro y que no jueguen a ser adolescentes.

.-¿Hay, entonces, demasiados padres infantilizados que acaban haciendo lo mismo que sus vástagos?

La sociedad de consumo nos infantiliza a todos, no importa la edad. La mejor forma de ser adultos es revisar nuestra adicción al consumismo. El tiempo mental que dedicamos al consumo nos produce una preocupación gigantesca. Un tiempo que podríamos dedicar a nuestros hijos. Mientras tanto, ellos se han situado en esa misma lógica consumista y al final nadie se ocupa de nadie.

.-¿Cree que de esta crisis surgirá algo positivo para la educación, la convivencia familiar y el modelo de sociedad?

Todo dependerá de la relación personal que mantengamos con nuestros hijos. No podemos esperar soluciones mágicas del exterior. El exterior es la publicidad, que nos incita al egoísmo consumista. Cada uno de nosotros debe hacer una revolución contra esa pantalla de plasma que nos separa de nuestro entorno familiar. En el plano político no sé si alcanzaremos una verdadera democracia representativa. Si echamos una ojeada a la política internacional, vemos que está siendo dirigida por "showmans" en lugar de por líderes políticos responsables.

*(Entrevista publicada en la revista cultural "Barcelona-Metrópolis").

viernes, 15 de abril de 2011

*Es urgente decir a los que amas que los amas

Éric-Emmanuel Schmitt, dramaturgo, escritor, guionista y director de cine, además de doctor en Filosofía, tiene un don especial para hablarnos de cosas esenciales con sutileza: la muerte, la felicidad, el dolor y todos los sentimientos que nos hermanan, sin necesidad de dramatizar. El resultado son obras de teatro, libros y películas ("El señor Ibrahim y las flores del Corán";"Odette, una comedia sobre la felicidad") que nos dejan con una sonrisa filosófica y el corazón revuelto. Tiene el don de conectar con la sensibilidad ajena y en su última película, fruto de un libro del mismo título: "Cartas a Dios", que se estrena el viernes en España, nos cuenta los últimos días de Oscar y su relación con Mami Rosa, que le ayuda a descubrir el misterio a través de un trato: un día igual a diez años.

“Tengo 51 años. Nací en Lyon, soy viudo, y vivo en buena compañía en Bruselas. Hay que luchar contra el materialismo, el mercantilismo y el reino del mercado. Confío en el misterio, no tengo miedo, pero esta confianza no es un saber; la fe es una manera de vivir el misterio. Hay dos opciones, o habitas el misterio con miedo y angustia o lo haces con fe, es decir, confianza. De eso hablan todos mis libros y películas, de personajes que confían en lo desconocido, que viven con los brazos abiertos y que luchan contra las fuerzas negativas, la angustia y el miedo”.

.-¿Y usted vive como sus personajes? Sí, siempre estoy de buen humor, lo que sorprende a la gente, y soy infinitamente curioso. Una cosa que me ayuda a disfrutar de la vida es la imaginación, que me permite explorar todas las puertas del presente.

.-¿Cómo aplica la imaginación a la realidad? La imaginación es dejarse invadir por el mundo y por la gente. Cuando estoy frente a alguien, me dejo penetrar por todas las sensaciones y las imágenes que emanan de ese individuo; es un conocimiento empático.

.-¿Y desde cuándo? Tenía 29 años, me apunte a un viaje de aventura: diez días caminando por el desierto del Sáhara y me perdí.

.-¿Sin agua y sin comida? Sí. Llegó la noche y pensé que iba a morir de miedo, pero ocurrió todo lo contrario. Me invadió la confianza, pasé una noche mística. Entré en ese desierto ateo y salí creyente. Me costó años poder hablar de ello, pero terminé confesando porque siempre me preguntan de dónde viene el optimismo de mis obras, y la fuente viene del desierto. Habito la vida con confianza.

.-¿No era así de niño? Era alegre, pero extremadamente angustiado, tenía miedo a la nada y la idea de que la vida era inútil, un puro fenómeno material; hoy creo que es algo más que una agitación de moléculas y que todo está justificado.

.-Pues me ha partido el corazón. El tema que trato en Cartas a Dios es duro, pero es una película optimista; un himno a la vida aunque la vida sea breve y frágil. Creo que hay que amar la vida como es, sin ilusiones, sabiendo que es corta, vulnerable y llena de dolor.

.-¿Cuándo fue la primera vez que se acercó a niños terminales? Mi padre era fisioterapeuta y trabajaba con ellos. Desde que cumplí los ocho años, todos los jueves y los sábados, me llevaba con él al hospital; así que crecí pensando que lo normal era estar enfermo y lo excepcional tener salud.

.-¿Aprendió algo? Al principio tuve miedo; luego aprendí que no tenía que permitir que la enfermedad construyera un muro entre ellos y yo. Y hablo de ello en la película: los padres de Oscar ven la enfermedad de su hijo en lugar de a su hijo, y el niño no lo entiende; cree que no le quieren. No hay que dejar que las situaciones se interpongan entre las personas.

.-Qué difícil es eso. Ya adulto acompañaba a una amiga que iba a los hospitales de voluntaria. Jugando con los niños descubrí que son mucho más francos y directos. Cuando están en situaciones frágiles, quieren hablar de la enfermedad, de la muerte, de todo lo que les ocurre. Son los adultos los que están asustados, y crean angustia con su silencio e hipocresía.

.-Su película tiene algo muy profundo. Un amor visceral por la vida tal y como es; no tal y como quisiéramos que fuera. Para mí, ser feliz no es tener una vida distinta a la que tengo, es entrar completamente en la que tengo; no es protegerse del dolor o la desgracia, es integrarlos en las tramas de la existencia. Con la misma vida puedes ser feliz o desgraciado; es una actitud mental.

.-¿Una actitud que usted ha aprendido? Sí, puedes luchar contra tu negatividad y pesimismo. Eso quiere decir que la inteligencia y la experiencia pueden servir para algo.

.-Se adivina que ha vivido la muerte. Sí, he acompañado a personas cercanas, a veces en largas agonías, y me ha hecho entender que era urgente amar y decir que amas; no hay tiempo que perder.

.-Sus mujeres son fuertes y tiernas. Para mí el hombre es simplicidad y la mujer complejidad. Cuando una mujer dice no, nunca quiere decir no, ni cuando dice sí. La mujer es paradójica, es fuerza y herida. Si no veo su herida, no puedo entenderla.

.-¿Cómo es su madre? Una fuerza sin ambigüedad ni ambivalencia. Creo que mi madre es un hombre.

.-¿Qué quiere contar? Tengo una obsesión: mostrar que cada uno de nosotros podría haber sido el otro. Incluso escribí un libro sobre Hitler para demostrar que convertirse en un bárbaro está al alcance de cualquiera. Hay una búsqueda ética: cultivar lo mejor en lugar de cultivar lo peor, y por tanto una dimensión moral.

.-Cuesta trabajo ser bueno. Sí, el mal se hace rápido y el bien es laborioso. En un segundo lo puedes destruir todo; por ejemplo, con un niño o en el amor con una sola frase.

.-¿Cómo se aprende la confianza? Aceptando que no todo es racional, aceptando abrir las puertas de la sensibilidad y la irracionalidad de la vida. Hay que amar la necesidad y todo lo inevitable.

.-Pensar no es bueno para tener confianza. Cierto. El pensamiento es el espíritu crítico, pero es necesario pensar hasta que llegas a ese umbral en el que el pensamiento ya no sirve para nada y ahí has de tirarte de cabeza: o al miedo o a la confianza.

lunes, 7 de marzo de 2011

*¿Tolerar o normalizar?

Las palabras suelen ser estrictas guardianas de sus propios significados y frecuentemente las ordenamos y empleamos a nuestro antojo, sin respetar su verdadera esencia. Entonces, las palabras nos muestran nuestra equivocación, exponiendo su verdad, que es la verdad academicista y notarial del diccionario, que, queremos o no, sigue siendo el indiscutible propietario de los significados.

Con frecuencia, desde la clase política, los tertulianos pagados o improvisados, los "fabricantes de opiniones", cuando abordan temas que podríamos entender como “delicados” o susceptibles de “malas interpretaciones” repiten con gran asiduidad, conjugándolo en todos sus tiempos, el verbo tolerar. Nos animan a que seamos ciudadanos tolerantes, a que construyamos una sociedad tolerante, a que toleremos todo aquello o aquellos que no son como nosotros, a que hagamos de la tolerancia una bandera que enarbolar ante todas aquellas discriminaciones o peligros que nos acechan.

Particularmente, y tal vez por disciplina o complicidad con el diccionario, la palabra tolerar no me gusta, o no me gusta de la manera que se emplea en multitud de ocasiones. Si usted busca la palabra en el diccionario, de las cuatro acepciones que nos ofrece, y hasta que no llegamos a la última –respetar las creencias…-, nos dice que tolerar es padecer, resistir, sufrir, soportar…

Si revisamos en nuestra memoria, quién no recuerda docenas de intervenciones de nuestros alcaldes y alcaldesas pasadas y presentes vanagloriándose de que Córdoba es el ejemplo de la tolerancia, como ya demostró en su esplendoroso pasado del cuento de "Las mil y una noches". O sea, que si me guío por el diccionario, nuestros antepasados cordobeses soportaron, padecieron y sufrieron a judíos y moriscos. En fin, que tampoco fue tan bonito y dulce el cuento como nos cuentan.

Tengo unos zapatos que no me gustan demasiado, que son los que debo calzarme cuando desgraciadamente me veo obligado a embutirme el traje. No son unos zapatos que alguna vez me haya puesto por gusto, por sentirme cómodo; forman parte de la obligación laboral, bien podríamos definirlo así. Aún así, reconozco que no son feos del todo, que son, en resumidas cuentas, unos zapatos que tolero, a secas.

Lo de mis zapatos, lo podemos extender a las lentejas, a una camisa, a un compañero de trabajo, a un programa de televisión o a una modalidad olímpica. Es decir, vivimos rodeados de personas, situaciones u objetos que toleramos en mayor o menor medida, que no forman parte de nuestro ideal, pero que están ahí. O sea, que no nos queda más remedio que soportar.

Cuando hablamos de inmigración, de personas en riesgo de exclusión social, o cuando se celebra el Día del Orgullo Gay, por ejemplo, no nos cansamos de repetir –y conjugar- el verbo tolerar. Evocamos la tolerancia como el gran reto social, el maravilloso éxito a alcanzar y no caemos en la crueldad o en la contradicción que se esconde tras esa palabra.

Esto me lo planteo desde una postura bien pensante, porque espero que sean pocos los que empleen la palabra tolerar en su verdadero significado, ya que esconde una aceptación obligada, una convivencia “no deseada”, aunque sí soportable, con algo o alguien que no nos termina de gustar.

Escoger las palabras adecuadas, seleccionarlas, ordenarlas de la manera más acertada sigue siendo un ejercicio en construcción, un reto en el que emplearnos a fondo, sobre todo si quien las pronuncia cuenta con un altavoz que escucha la ciudadanía. De ahí que sea un gran defensor de la palabra normalización: acción y efecto de normalizar. En varios de los ejemplos citados anteriormente es la verdadera tarea a realizar, el camino a recorrer: poner en orden lo que no estaba.

Crueldades, antojos o bondades de las palabras, representaciones escritas y sonoras de nuestros pensamientos. Tal vez tengamos que comenzar por nosotros mismos, por normalizar nuestros propios pensamientos, para más tarde lograrlo con nuestras palabras. En cualquier caso, se trata de una tarea que merece la pena.

*(Artículo del escritor Salvador Gutiérrez Solís).

lunes, 21 de febrero de 2011

*Escribir es mirar a la altura del hombre

-¿Contar la vida es inventarla?
La vida es una criatura polimorfa. La narración y también la autonarración de la propia vida es una manera de dar geometría a ese caos que es la vida. La necesidad de contar es un motor fundamental de la criatura humana.

–Usted ha dibujado a las ballenas como seres más tiernos que los humanos.
Porque el hombre es una paradoja, una cosa muy compleja que puede ser angelical y diabólico. Yo respeto a los animales porque son inocentes. Me exaspera la arrogancia de la Iglesia cuando afirma que no tienen alma.

–¿A usted qué le gustaría ser?
Ah..., tantas cosas. Somos prisioneros del tiempo y del cuerpo, y a mí me gustaría deambular dentro de mi propio tiempo, ser hombre hoy y niño mañana. Pero nuestras etapas son severas como estaciones de tren.

–Esa es una nostalgia irreversible.
Como la sensación de lo que podría haber sido y no fue. Lo que podríamos haber hecho y no hicimos.

–¿Qué, en su caso?
Yo estoy aquí, escribí los libros que escribí y encontré a las personas que pertenecen a mi vida profundamente, por casualidad. Si aquel día especial de 1964 en la estación de Lyon de París no me hubiera detenido para comprar un pequeño libro, “Tabaquería” de un autor extranjero que yo no conocía, Fernando Pessoa, mi vida sería distinta.

–¿Cómo sería?
Yo quería ser astrónomo. Me gustan mucho los hombres que miran las estrellas. Sin embargo, he pasado mi vida mirando a la altura del hombre, porque eso es escribir.

–¿Y qué ha encontrado?
El mal y el bien. El amor y el odio. Sé que el mal existe. La vida es un depósito infinito.

–¿Minada de dudas?
Sí, pero ese es el oficio del intelectual. La duda es una forma oblicua de conocimiento porque a menudo no pertenece a la lógica o la racionalidad sino a la intuición, que también es una forma de sabiduría.

–¿El presueño es otra manera de saber?
En ese estado anterior al sueño del que yo me nutro para escribir se pierde el superego y
toma el control lo irracional. Es un espacio muy libre, porque pensar racionalmente es una manera de castigarse, de limitar la propia libertad intelectual.

–Ahí pueden aparecer muchos fantasmas.
Sí, es muy inquietante. Están los fantasmas de los miedos que aparecen cuando estás desprotegido de la racionalidad. Pero también los fantasmas buenos, las personas que pertenecieron a mi vida y que me otorgan una dulzura muy grande.

–¿Alguien en particular?
Mi padre me habló en ese estado de presueño hasta que se confundió conmigo.

–Su padre perdió el habla.
Sí, pero mi imagen de él es su voz. La voz me parece la cosa más misteriosa del hombre, uno de los misterios más oscuros y antiguos. Los fundadores de las grandes religiones no escriben, hablan. Orfeo canta y es gracias a su voz que vence a la muerte.

–¿Y usted por qué se planteó que su voz fuera anónima?
Supongo que por cobardía. Tomarse la palabra es una responsabilidad muy fuerte y arrogante. El hecho de mirar produce culpabilidad, porque cuando se mira se ve.

–El desasosiego, ¿tentación de escritores?
No sé si es una tentación o una condición ontológica. El escritor se siente inadecuado para la vida, no es un ser práctico, no sabe resolver la burocracia. Escribir es, muchas veces, no saber vivir. Para el escritor es más fácil describir la vida que vivirla.

–¿Y usted cómo calma su desasosiego?
Lo calmo y lo alimento escribiendo.

–¿Luz y tiniebla en un mismo pozo?
Hay raros momentos felices y es preciso disfrutarlos. Alguien le preguntó a Borges una vez si estaba completamente ciego y él respondió: “En ciertos días, cuando estoy de buen humor, veo el amarillo”. Yo para calmar el desasosiego llamo por teléfono: la voz de otra persona me da seguridad.

–¿Qué siente cuando vuelve la mirada?
Un imposible: me gustaría revivir ciertos momentos con la mujer que he amado más en mi vida, con mi mujer. Repetir, por ejemplo, aquel viaje a Francia de los 25 años.

–¿Es usted un hombre de un solo amor?
No creo que exista más de un amor fundamental en una vida. Y es un privilegio muy grande encontrar a la persona que tú amas.

–¿La amaba ya antes de conocerla?
Sí, el amor es como una cita y es importante darse cuenta de esa cita. Luego las dificultades se superan con la gimnasia diaria.

–¿Eso es madurez?
Siempre pensé que existía una línea metafórica que separa la juventud de la madurez, pero después he comprendido que cada día tenemos que superar esa línea de sombra.

–“Cada vez se hace más tarde” es su último libro. ¿Más tarde para qué?
Somos criaturas comandadas por el tiempo y el tiempo no perdona. Se hace más tarde para la comprensión de las cosas que nunca comprendes. No se sabe muy bien a quién, pero cada uno de nosotros tiene una carta pendiente que escribir, aunque nunca hallemos el coraje para hacerlo.

–¿Y usted ya sabe quién es?
No muy bien. Pero creo que pensar quién soy es limitativo, deberíamos pensar quiénes somos, porque el individuo es siempre plural, somos poliedros, somos muchos y cada vez distintos. En un poema tardío, Pessoa cuenta que se había cuestionado tanto a sí mismo que probablemente en su complicación no había sabido apreciar la sencillez.

Antonio Tabucchi, escritor y profesor de literatura, nació en Pisa (Italia) en 1943. Se considera un progresista escéptico. "No creo en la divinidad, creo en las posibilidades del hombre: la eternidad está en nosotros".
Su don va más allá de la palabra, su sabiduría es antigua. Muchos de sus libros nacen en el presueño, esa especie de limbo libre de espacio y tiempo, y algo se trae de ese mundo, como si sus libros pudieran leerse con los ojos cerrados. Tabucchi no narra, muestra el lado oscuro de la realidad y la inquietud sin nombre que todos compartimos. Le habita la melancolía. Para huir de ella adopta otra de sus facetas, la del columnista comprometido, la del profesor universitario: “Escribir todo el día es una forma masoquista de cultivar la soledad. Necesito otras voces. Cuando caigo en el vientre de los sentimientos y me atrapa el desasosiego, telefoneo. La voz me tranquiliza”.
Su novela más valorada es "Sostiene Pereira". Léela y quizás algo muy dentro de ti cambie.

(Entrevista publicada en "La Contra" de La Vanguardia).

jueves, 17 de febrero de 2011

*Educación del carácter

La autodisciplina constituye la esencia de la autonomía personal, que es uno de los objetivos de la educación. Por eso, excluir a la escuela de la formación del carácter y encomendarle únicamente la instrucción supone una tremenda falta de comprensión de sus obligaciones educativas. Su tarea también debe consistir en establecer didácticas para el aprendizaje de conceptos como el deber, la responsabilidad o la seguridad en uno mismo.

La autodisciplina forma parte del aprendizaje de la libertad, que es parte esencial de la educación. No es verdad que todos los seres humanos nazcan libres. Ésa es una afirmación ética y jurídica, no psicológica, y confundir ambas cosas ha producido cataclismos pedagógicos. En realidad, todos nacemos absolutamente dependientes de nuestros padres y de nuestros impulsos, y poco a poco vamos adquiriendo mayor o menor suficiencia, mayor o menor libertad.

Favorecer el proceso hacia la autonomía personal es uno de los objetivos de la educación, sea escolar, familiar o social. Esto supone ayudar a los alumnos para que adquieran los recursos intelectuales, afectivos, volitivos y morales necesarios para conducir bien su vida. Lo explicaré con una fórmula muy sencilla: educación = instrucción + educación del carácter.

Todo el mundo sabe lo que significa “instrucción": el conjunto de conocimientos y procedimientos intelectuales que un joven debe haber adquirido al dejar el sistema educativo. En cambio, “educación del carácter” es una expresión que necesita una explicación.

El concepto procede de Grecia. “Carácter” era el conjunto de hábitos buenos o malos que configuraban una personalidad. Los buenos hábitos se llamaban virtudes; y los malos, vicios. La excesiva moralización de estos términos los ha desprestigiado en nuestra cultura, por eso es importante recordar que en su origen indicaban sólo la capacidad para la excelencia.

¿Cuáles eran las virtudes de un caballo? La velocidad, la fuerza, la resistencia. ¿Cuáles eran las virtudes de un atleta? La agilidad, la velocidad, la potencia.

Pues bien, los antiguos griegos se preguntaron: ¿Y cuáles son las virtudes del ser humano, es decir, aquellas fortalezas que debe adquirir y desarrollar para ejercer bien su oficio de vivir? Y a esa pregunta respondieron mencionando un conjunto de hábitos que consideraban necesarios. Unos eran intelectuales y otros eran morales.

Por ejemplo, el pensamiento crítico es un hábito intelectual, y también lo es la capacidad de razonar bien, de inventar y de atender a los argumentos de otro. Los hábitos morales son los que permiten un comportamiento excelente: la tenacidad, la conciencia moral, la facultad de deliberar y de elegir, el razonamiento moral, la valentía, la capacidad de resistir el esfuerzo y de aplazar la recompensa, etc. El conjunto de estos hábitos forma el carácter.

Añadiré que en griego “carácter” se dice “ethos”, término del que viene la palabra “ética”, que es la ciencia que trata del buen carácter, del que hace posible la felicidad privada y la felicidad política. Es evidente que estamos hablando de los dos grandes objetivos de la educación: ayudar a construir la inteligencia personal y la inteligencia ciudadana.

Al hablar de personalidad conviene distinguir tres niveles:

-Hay una personalidad recibida, determinada genéticamente (sexo, habilidades intelectuales básicas, temperamento).

-A partir de ella, mediante la experiencia y la educación, se va configurando la personalidad aprendida, que es lo que llamamos carácter.

-Pero también hay una personalidad elegida: el proyecto de vida que cada uno hace desde su carácter y su circunstancia. Si no fuéramos libres, nuestra personalidad y nuestro carácter se confundirían, y eso es lo que afirman muchas teorías psicológicas, pero todos tenemos un margen de libertad que nos permite elegir metas diferentes. La libertad es, ante todo, un proyecto de liberación. Y en algunas ocasiones ese proyecto puede exigirnos, por ejemplo, intentar cambiar nuestro carácter, si nos parece un obstáculo.

Este último nivel de la personalidad es una tarea personal. La tarea educativa se detiene, pues, en la formación del carácter, parte nuclear de la personalidad, fuente de posibilidades y fortalezas.

*(José Antonio Marina. Filósofo).

lunes, 31 de enero de 2011

*No me da miedo el otro

“Tengo 71 años. Creo en un dios que se puede racionalizar, que está en todo”.
Jean Giraud, alias “Moebius”, revolucionó la historia del cómic.
"A finales de los 60 decidí cortar con la tradición seria del cómic para niños. Fue mi manera de hacer política. Moebius es la llave que me abre otra manera de ser".
Ahora, este artista que no sólo ha participado en los diseños de películas míticas de ciencia ficción, sino que también ha sido la referencia visual para obras como Blade runner, sorprende publicando sus diarios personales narrados en forma de historietas. En “Inside Moebius” (Norma Editorial) conversa con sus yoes de diferentes edades y sus personajes sobre los avatares de su vida y, así, Moebius vuela de nuevo.

.-Escoja la viñeta de su infancia.
La soledad, y a través de ella, el descubrimiento del poder sin límites de la imaginación y de la observación de las cosas: una mosca, el agua, la hierba..., todo.

.-¿Y por qué esa soledad?
Mi infancia fue muy plácida, pero era hijo único de adultos que trabajaban y pasaba mucho tiempo solo. Descubrí el poder del dibujo muy precozmente, con cuatro años. Mi primera lectora fue mi abuela, una mujer sencilla y buena; fue tan entrañable su reacción que aquel primer halago fue la raíz de toda mi historia como dibujante.

.-Nuestra vida está trazada por pequeños acontecimientos.
Eso creo. El dibujo me abrió al mundo y a mi propio interior. Yo era muy introvertido. Crecí en los suburbios de París y aterrizar en la escuela de arte representó un cambio total. Tenía problemas para adaptarme y conquistar el reconocimiento de los otros jóvenes, cuyo estatus social era más elevado.

.-¿Tuvo que cambiar?
Sí, la manera de cortarme el pelo, de vestir. Era un cambio de clase social.

.-¿Y le gustó?
Estaba fascinado. En las casas de mis amigos había parquet y bonitos muebles. En casa era todo caótico y mis abuelos era campesinos, preciosos, pero de otra manera: más espirituales que espectaculares.

.-¿No le decepcionó aquel nuevo mundo?
Sí y no. Comprobé que la clase modesta es más auténtica y afectiva, pero las formas son mejores en la clase adinerada. Y no se puede volver atrás, a los pocos meses la calidad estética se convierte en la norma.

.-Pero no sucumbió a ello.
Tengo dos aspectos como tengo dos firmas: una gran capacidad de bucear en mi interior y también una buena capacidad de comunicar; no me da miedo el otro.

.-¿Eso lo aprendió entonces?
Aprendí algo esencial que ha constituido mi filosofía de vida: el error, la imperfección, es lo que nos permite abrirnos para cambiar y conocer al otro, porque la fuerza (la intelectual, la física, la de seducción) cierra, levanta un velo y deja fuera al otro. Al fuerte sólo le salva un agujero en el velo. Los otros entran en nosotros como el agua, que nunca sube, siempre fluye hacía donde no hay impedimentos.

.-Usted es fuerte, hace y dice sin miedo.
Sí, porque la capacidad de comunicación da la fuerza. Pero aunque no sea el mismo de hace veinte años, la debilidad ha viajado conmigo, y tal vez ese es mi talento: aceptar la debilidad y la imperfección.

.-¿Qué más ha aprendido?
Estoy aprendiendo ahora la última lección, la de desaparecer físicamente pedazo a pedazo. Mi ojo izquierdo -tengo cataratas- es otro ojo, y tengo que vivir con ello. Y tal vez el año próximo sea el ojo derecho. Lo mismo ocurre con el pelo, los dientes, la fuerza… Espero mantener la capacidad de pensar y de hablar, pero es imposible saberlo.

.-Entonces?
Mi madre tiene 98 años y vive en un sueño impenetrable: la mirada perdida durante horas. Se ha convertido en otra. Pero eso es parte del aprendizaje; yo leí mucho a Castaneda y la búsqueda del guerrero espiritual.

.-¿Las pruebas de la vida?
Sí, todas esas batallas importantes: la del miedo, la del poder... La última es la batalla de guardar la conciencia intacta hasta el final. Y todavía no sé si es algo que depende de la voluntad o es un regalo genético.

.-¿Qué dice su madre?
Mi madre no es una guerrera consciente, fue una guerrera de la supervivencia, pero no tenía la conciencia de una bruja.

.-¿Usted sí?
Trato.

.-¿Qué ha conquistado?
Que usted esté aquí: cada pregunta suya es una victoria, el resultado de mi trabajo para conquistar el interés. Ser entrevistado es un privilegio que nadie conoce en la vida normal; es un requerimiento de autenticidad.

.-¿Cómo ha convivido con su arte?
He tenido la certeza de que mi dibujo era algo sin límites y único, un regalo que me ha dado la posibilidad de crecer, la conquista de algo interior, metafísico, mágico; pero, a la vez, todo ha sido muy confuso.

.-En su búsqueda de la magia interior, su estancia en México debió de ser importante.
Sí, descubrí la posibilidad de conquistar el éxtasis. Volar es la metáfora: elevarse al paraíso de los artistas. Y descubrí la marihuana como herramienta de conocimiento.

.-¿Por qué ha decidido dejarla?
A partir de cierta edad se convirtió en herramienta de confort, como los viejos en Marruecos que fuman porque ya no importa.

.-¿Qué le ha sorprendido en la vida?
Mi propia capacidad para percibir la belleza en el otro, en un paisaje, en el arte. Está en todas partes, pero es difícil abrir los ojos porque tenemos la necesidad de juzgar y de escoger: esto lo quiero y esto no lo quiero. En la comunicación percibimos de manera misteriosa sus distintos niveles, cosas buenas y malas; pero el nivel de la maravilla es algo que intento atesorar.

.-¿Qué quiere contar?
Me gusta mucho hacer cosas sin motivo y con confianza total en el inconsciente, porque creo que hay un ángel (otro nivel de conciencia) que habla a través de nosotros; pero la utilidad me hace perder las alas, así que todo lo que hago es inútil.

(Entrevista piblicada en "La Contra" de La Vanguardia).

miércoles, 12 de enero de 2011

*La sordera es una categoría política

Federico Luppi, actor y director de cine argentino de 73 años, vive en Madrid hace ocho años.

"Soy un protestón profesional, vivo permanentemente cabreado con el mundo político. Vengo de una familia ultrarreligiosa, italianos, lo único que me quedó es una expresión: ¡Dios mío!".

.-¿Se queja usted mucho?
No es eso, para mí la queja es como hablar desde el rincón, desde la desesperanza. Yo lo que soy es protestón, que tiene que ver con algo más activo, si creo que alguien es un sinvergüenza, lo digo rápido, ¿y sabe por qué?

.-Pues no.
Porque en el mundo de las buenas maneras el honesto siempre es derrotado. Sin embargo, el que tiene el poder tiene experiencia, habilidades, mañas, desvergüenza e impunidad. Para mí, decir una mentira o no pagar una cuenta pendiente me produce culpa y cierta irritación conmigo mismo. Pero a ellos no.

.-¿Cómo lo sabe?
Porque los poderosos y la mayoría de los políticos roban a mansalva, mienten como beduinos, estafan a medio mundo, hacen fortunas malavida y nunca tienen culpa.

.-Algún político honesto habrá, ¿no?
Se corrompen rápido a no ser que sean personas excepcionales. El poder, desde que yo recuerdo - es decir, hace muchos años-, ha convertido la sordera en categoría política.

.-Los políticos nacen de entre nosotros.
Ya, pero hay un detalle sobre el que valdría la pena reflexionar: cuando hacen campaña y prometen luchar por las aspiraciones populares se están comprometiendo con la comunidad, pero ninguno cumple. Ahí es donde comienza la pérdida y la estafa.

.-¿Viene usted de familia humilde?
Me hice adolescente en un mundo puramente agrario: campo, cultivo, ganado y gente a caballo. Para mí el mundo urbano era inexistente. Yo vivía en un horizonte plano, con pueblos pequeños, deprimidos y donde no pasa nada. Ahí es donde además me gusta vivir. Debo ser uno de los individuos menos urbanos del mundo.

.-Pero se fue a la capital.
Naturalmente, pero si hubiera tenido un poco de campo o alguna tarea agrícola segura y fija me hubiera quedado. .

-¿Qué cambió en usted la dictadura?
Adquirí la desconfianza. Videla fue la concreción visible de un plan elaborado por el Departamento de Estado y por Kissinger. Yo aspiro a que algún día Kissinger sea procesado como genocida. Creo que es una burla que le dieran el premio Nobel de la Paz.

.-Usted fue de los que se quedaron en Argentina durante la dictadura militar.
Estuve un año contratado en Madrid y luego volví a Buenos Aires. Cuando llegué a casa estuve tres horas llorando porque entendí que en términos vitales y razonables no debía haber vuelto, perdí 20 años de mi vida.

.-¿Cómo fueron esos años en Buenos Aires?
Negros y desesperanzados. Valores como la lealtad, la integridad o la caridad desaparecieron. Comprometerme contigo para llevarte a casa de tu tía era un riesgo, porque... ¿quién sabe con quién te juntas?... Se instaló en Argentina una fraseología del tipo: "por algo será", "quién sabe en qué andaría", ese tipo de cosas donde se culpabilizaba a la víctima. Pero hay gente para todo.

. -¿Por qué lo dice?
Es difícil entender por qué a veces el pueblo, los que lo pasan mal, votan al verdugo. Pero ocurre constantemente.

.-¿Que perdió en el corralito además de dinero?
Además de todos los ahorros de diez años de trabajo, vi como se derrumbaban mis mitos personales, porque para los campesinos el banco era un lugar seguro y sagrado y no una cueva de ladrones. Se fugaron de mi país en menos de 6 meses 135.000 millones de dólares con aviso previo: "Chicos, váyanse que viene la debacle". Fue una estafa colosal organizada por el capital.

. -¿Sin esperanza?
Nos quedan las mujeres, espero de ustedes más honestidad.

.-¿Qué ha sido lo bueno?
Descubrir que existe la posibilidad de que un joven desarrapado se convierta en Picasso. Las singularidades, esas lámparas que brillan en el desierto son de aquellos que hacen lo que no estaba previsto.

.- ¿Y la amistad, el amor, los hijos...?
Todos esos aspectos son en realidad lo más programado en la vida del hombre. Descubrir el sexo, el amor, casarse y tener hijos es un mandato de la especie.

.-¿Existía un destino?
Sí. Te casabas prematuramente, en mi caso a los 23 años, sin cuestionarte nada.

.-¿Fue una decepción el matrimonio?
Duró 6 años, y más que una decepción fue la confirmación de que aquello no lo debía haber hecho. Yo no tengo nada que ver con ese hábito cotidiano del orden familiar.

.-¿Cómo es usted?
Estepario. La alegría y el bullicio no me van. No me volví a casar porque no sirvo.

.-Entonces, ¿qué pasó hace 6 años?
Es una relación diferente. Además, no tengo una condición temporal como para arrepentirme, tengo 70 años, doblo la edad a mi mujer. Hasta ahora, en la pareja, el más beneficiado soy yo.

.-¿Qué ha debido de vencer?
Suelo ser tontamente rencoroso y un par de disparates conceptuales me sacan fácilmente de quicio. Tengo una capacidad bastante menguada de aceptar el mundo tal como es, y eso no es bueno, pero no era capaz de verlo hace 10 años.

.-¿Los años juegan a nuestro favor?
A mí me han hecho bien, puedo ver algunas cosas con una perspectiva bastante más adulta y, a sabiendas de mi poco aguante, hay gente que ya no frecuento, porque se que en algún momento ese café amable se va a convertir en una trifulca porque digo lo que pienso aun a riesgo de que me den una torta.

jueves, 9 de diciembre de 2010

*A veces

A veces resultas excitante como un viaje de aventuras.
A veces me gusta adonde vas y quisiera llevarte las maletas.
A veces te diría adiós y me subiría al tren del olvido.
A veces te cogería de la mano para siempre.
A veces no te haría llorar nunca más.

Pero a veces siento que me faltan veces,
veces para verte y para conversar contigo.
Y otras veces desearía que ya no hubiesen más veces,
que no hubiera habido siquiera una vez.
¿Comprendes lo que me pasa a veces?

(De el manuscrito "En busca del asombro").

miércoles, 8 de diciembre de 2010

*Vidas melódicas

Ese es el título de la obra que, de la mano de la Fundación de la Tartamudez (TTM), representaron en Granollers un grupo de tartamudos y fluidos (sin problemas de dicción) con enorme éxito.
El proyecto contó no sólo con Luis Miguel Mourareu, ingeniero químico nacido en 1967 en Cortes de la Frontera, Málaga, sino con un grupo de tartamudos que se atrevieron a defender a un colectivo que reclama solidaridad y comprensión.

.-Para que se haga cargo del tipo de entrevista: nadie nace tartamudo, por lo tanto todos ustedes son fruto de alguna ofensa, de algún desprecio, de algún trauma, de algo que provocó un clic en su cabeza que los convirtió en tartamudos.
En España somos unos 80.000 tartamudos y en el mundo hay unos 80 millones. Y, sí, la tartamudez te sobreviene entre los 2 y 5 años fruto, en efecto, de una autodefensa de tu organismo contra algo, posiblemente psicológico, que te afecta. Es una reacción de autodefensa.

.-Y, a partir de ahí, empieza un auténtico martirio, un vía crucis.
Tenemos una marginación laboral del 80%. Hasta hace dos años no podíamos ser funcionarios. Titulados universitarios son apeados en su primera entrevista de trabajo por el mero hecho de ser tartamudos. El mundo, la sociedad, la gente que nos rodea y con la que tenemos que convivir están en contra nuestra. No me extraña que miles y miles de tartamudos se hayan suicidado.

.-¿Suicidado? ¿De qué me habla?
Yo mismo a los 8 años pensé en suicidarme un montón de veces. Era el hazmerreír de mis compañeros en el cole, me tiraban piedras en los recreos y, al acabar las clases, salía corriendo –¡corriendo!– hacia casa.

.-¿Qué le decían los profesores?
Que me aguantase. Eran otros tiempos, puede que ahora hayamos mejorado. Como ocurre en la tele, donde han dejado de salir cómicos que se burlan de nosotros. Pero, créame, no hay nada más cruel que un niño cuando quiere ser cruel. Lo digo por experiencia. Sufrimos una vida de intensa incomprensión. Yo estuve a punto de suicidarme, sí, algo que, pasados varios años, hizo uno de mis mejores amigos pegándose un tiro en la sien. Hay niños que llegan, incluso, a automutilarse la lengua.

.-¿Por qué dice que la vida está montada contra los tartamudos?
Esta sociedad vive pendiente de dos de las tres cosas que más daño nos pueden hacer a los tartamudos: el habla y las prisas. Todo, todo, se hace hablando. Y todo, todo, se tiene que hacer deprisa. «Dímelo rápido», te dicen a menudo. ¡Oiga, que soy tartamudo! Es tremendo, porque la gente, cuando va acompañada de un cojo, no corre, camina a su ritmo. Y, sin embargo, cuando está con un tartamudo le pide rapidez, velocidad, quiere acabar cuanto antes. ¿Sabe qué es lo que más daño nos hace?

.-No sé, ¿la mofa, la burla, tal vez ?
Lo que más nos duele es que alguien acabe la frase por nosotros.

.-Perdón, pero supongo que eso la gente lo hace sin querer, no creo que nadie haga eso expresamente.
Puede que sí, puede que, socialmente, se trate de la ofensa más benevolente, pero, psicológicamente, es lo que más daño nos hace. Y mucho.

.-Insisto, no pueden ver en ese gesto mala intención, porque no la hay.
Vale, yo no se lo veo, pero es otra demostración de las prisas con las que vivimos. Muchas veces los fluidos, al ver que nos cuesta acabar la frase, la acaban ellos. ¿Por qué? ¿Porque tienen prisa? ¿Porque se ponen nerviosos? ¿Porque creen que los que estamos nerviosos somos nosotros? No, peor, creen que así nos hacen un favor. Y es al revés, al acabarnos la frase lo que consiguen es desanimarnos, reforzar nuestra incapacidad.

.-Usted trabaja en el aeropuerto en multitud de cosas, pero usted es ingeniero químico. ¿Lo pasó tan mal en la universidad como en el cole?
En la universidad ya era fuerte. Piense que yo cuando tenía 8 años tardaba 45 minutos en leer tres líneas de texto. ¡45 minutos! Cuando acababa el ejercicio me tenía que ir a la cama a descansar, estaba muerto del esfuerzo que había realizado.

.-Además, en la facultad todos los exámenes eran por escrito, ¿no?
Jamás, en cinco años de carrera, consulté a ningún profesor por miedo a que se burlasen de mí. Conté con la ayuda de buenos y comprensivos compañeros, pero el día que tuve que exponer mi proyecto, sobre las resinas epoxy – el Araldit, vamos–, estuve dos noches sin dormir. Y me dieron un notable alto. ¡Estoy tan orgulloso de aquello, tanto!

.-¿Qué les empujó a hacer la obra de teatro Vidas melódicas?
Reclamar el derecho a tartamudear. Insisto, usted no obliga a correr a un cojo, pues no me obligue a mí a hablar deprisa. ¡Soy tartamudo! Déjeme ser tartamudo. Con esta obra, que ojalá podamos representar en más sitios, lo único que pretendemos es cambiar el chip de la sociedad. Queremos mostrar que la tartamudez no es un tema del que se pueda hacer mofa. Es un asunto que requiere de una gran sensibilidad por parte de la sociedad, que debería saber que detrás de cada tartamudo hay un drama de niñez, de escuela, de amor, de vida social, de relaciones personales.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

*La vejez no es una tragedia, lo es el tedio

¿Cómo debe de ser vivir pensando que tienes hijos pequeños pero eres incapaz de encontrarlos? Y esos hijos, que en realidad ya son adultos y están intentando tranquilizarte, son para ti extraños. Eso es la demencia, pierdes la memoria a corto plazo.
“Y la música sigue sonando”, de Graham Stokes, psicólogo clínico experto en demencia, es un libro que relata 22 historias de personas ordinarias haciendo cosas extraordinarias: enfermos que se hacen listas minuciosas de los pasos que han de seguir para poder ir al súper, coger las llaves, cerrar la puerta, girar a la derecha... Hasta que ya no saben cuál es la derecha y se sienten perdidos. Y médicos y cuidadores que van más allá de la etiqueta, hurgan en su pasado para comprenderlos.
Graham Stokes tiene 56 años. Nació en Londres y vive en Birmingham, donde es profesor y trabaja en un gran hospital en temas de demencia. “Deberíamos erradicar el racismo y las desigualdades. No creo en las estructuras religiosas, pero sí en la espiritualidad”, afirma.

.-El tiempo pasa y con suerte llegamos a viejos.
Nos arrugamos, nos fallan las piernas, nuestro cuerpo envejece...

.-No siga.
Lo que le ocurre al cuerpo es desalentador, pero la mente y las emociones pueden darnos satisfacciones insospechadas. La vejez no es una tragedia, lo es el tedio.

.-Con demencia, ¿sigues siendo tú mismo?
La esencia de la persona permanece. Sus hábitos, sus miedos, sus inseguridades persisten y conviven con la demencia. La demencia es una discapacidad intelectual, se destruye la memoria reciente y permanecen los recuerdos históricos con absoluta viveza.

.-Debe de haber vivido historias conmovedoras.
Sylvia deambulaba todo el día por la residencia y se caía, tropezaba con todo y con todos y siempre decía: "Lo siento, lo siento mucho. Es terrible, terrible". Su comportamiento no tenía sentido y el dolor de las caídas no la disuadía de seguir caminando y buscando a alguien para disculparse.

.-Qué triste.
Descubrí que su hijo había muerto asesinado y que ella nunca expresó ese dolor; cogió todas sus cosas y las metió en una caja en el sótano. No volvió a nombrarlo, pero perdió la alegría de vivir y 30 años después proyectaba su dolor en los demás.

.-¿Y por eso decía que lo sentía?
Sí. Podíamos interpretar su deambular como consecuencia del alzheimer o como una mujer con alzheimer que intenta sobrevivir a la muerte de su hijo.

.-Matiz importante.
Le dimos la caja de los recuerdos de su hijo y quedó totalmente absorbida por ellos, acariciaba su bufanda con cariño y a veces reía viendo sus dibujos. Su hijo volvió a la vida y se sentía contenta, un sentimiento que no experimentaba desde hacía 30 años. No volvió a deambular ni a pedir disculpas.

.-¿Alguno de sus pacientes le ha hecho llorar?
Ahora, como usted, ante la historia de Sylvia, estoy reprimiendo mis sentimientos para poder decirle que la persona está por delante de la demencia, y que si conocemos a la persona y no caemos en eso de "es inútil", podemos entender sus comportamientos extraños y ayudarle.

.-¿Lo habitual es dejarlo por inútil?
A Sylvia lo normal es que se la sedara para que en su caminar incansable no se hiciera daño. Se trata el síntoma, pero no la causa. La medicación antipsicótica sirve para hacer más fácil la vida a los cuidadores.

.-¿Cómo se siente un demente?
Asustado. No sabe que sufre demencia, y esa es la tragedia. Es como cuando te despiertas a media noche y no sabes dónde estas..., y todavía peor: te preguntas dónde estás pero al cabo de treinta segundos te has olvidado de que te lo has preguntado y vuelves a preguntártelo una y otra vez.

.-¿Qué quieren esos enfermos?
Afecto, calor humano, vivir momentos placenteros. Si los conocemos, si conocemos su pasado, podemos encontrar qué actividades les gustaban y repetir la experiencia.

.-¿Funciona?
Sí en el momento, porque no lo recordarán.

.-Un trabajo ingrato.
Los cuidadores tienen que ser pacientes, tolerantes, resistentes emocionalmente y tener siempre presente que el dolor se olvida pero las emociones permanecen.

.-Eso es esperanzador.
Si le hablo con cariño y le acaricio la mano, lo olvidará, pero no la emoción positiva que le he generado, y lo mismo ocurre si le trato mal. La persona sigue estando allí a pesar de que su capacidad intelectual se haya ido.

.-Un padre que no reconoce a su hija.
Para los familiares es agotador y destructivo: dependen de ti para todo pero no te reconocen. Alguien le saca de la cama, le baja los pantalones y lo sienta en el retrete, pero no sabe por qué y se resiste. Sabe que tiene una mujer o un marido, pero no reconoce a esa o ese anciano que está a su lado.

.-Recuerda al hombre o la mujer joven con la que se casó.
Exacto, y puede buscar un contacto inadecuado con su hija, porque piensa que su hija es su mujer. Así que al final la demencia afecta a toda la familia.

.-Disculpe esta pregunta, pero ¿merece la pena vivir así?
Creo que puedes darles momentos de felicidad, pero tienes que estar constantemente realimentándolos, sólo puedes trabajar en el aquí y ahora; y recordar que no son personas huecas, no sólo queda un cuerpo con el que puedes hacer lo que quieras.

.-Para cuidar a estas personas hace falta una capacidad emocional de gigante.
Sí, porque no tiene que ver con el conocimiento y las capacidades técnicas, sino con el corazón y la empatía, tienes que tratar al otro como si fueras tú. Pero yo he visto esa pasión en muchos cuidadores que llegan a tener una vida llena de sentido cuando descubren la pregunta más extraordinaria.

.-¿Cuál es la pregunta?
Por qué: por qué la persona se comporta de esa manera. Los cuidadores se convierten en detectives clínicos y la sensación de logro puede ser extraordinaria. El médico ya hizo su diagnóstico, la familia está desmoralizada, ya has oído esa frase: "Ese ya no es mi marido"; pero tú, encontrando a la persona que sigue estando ahí, puedes demostrarles que están equivocados.

(Entrevista publicada en "La Contra" de La Vanguardia).

martes, 23 de noviembre de 2010

*Los tribunales son uno de los fracasos del derecho

Scott Turow, abogado, fiscal y escritor de thrillers legales, piensa todo lo que dice. Su mirada es implacable, y hay en él un poso de tristeza. Por lo demás, es un abogado de éxito en Chicago, tiene uno de los bufetes más importantes, y su elegante imagen se corresponde con ello.
Comenzó siendo un joven escritor, profesor de narrativa en la Universidad de Stanford, carrera que interrumpió para dedicarse al derecho hasta que mezcló ambas pasiones y publicó la primera de sus ocho novelas superventas: “Presunto inocente”, que Alan J. Pakula llevó al cine protagonizada por Harrison Ford. Veinte años después se preguntó cómo el protagonista habría sobrevivido a su crimen y por qué cometemos dos veces los mismos errores; así nació su nueva novela: “Inocente”, (Editoral Mondadori).

Tengo 61 años. Nací y vivo en Chicago. Estoy divorciado, tengo tres hijos y vivo en pareja. Tengo un bufete. El gobierno debe a todos los ciudadanos respeto y dignidad por igual. Me educaron como judío, sigo celebrando las fiestas tradicionales, pero soy agnóstico

.-Dígame una de sus verdades más profundas.
Que a pesar de los pesares lo que más desean los seres humanos es que les quieran; morimos por ello.

.-¿Ha visto amor en los tribunales?
Los tribunales son uno de los principales fracasos del derecho. Allí no puedes hablar de amor, y además se suele funcionar como si el amor no existiera.

.-¿Cuál es la realidad de la justicia?
La realidad del poder, así que al final es el poder el que determina lo que es real dentro del sistema judicial. Si sucedió algo y el sistema judicial decide que no sucedió, entonces en el sistema judicial no es real.

.-¿El dinero y el poder eluden con más facilidad la justicia?
Casi todos los pobres que son acusados de un crimen acaban en la cárcel, aunque algunos no son culpables; entre los ricos eso es infrecuente.

.-Se dedicó usted a la corrupción en las altas esferas.
Como fiscal y como abogado defensor. Cuando era fiscal, mi mujer me dijo que debería tener un rótulo en mi despacho que rezara: "Todos mienten, los clientes, los abogados de la defensa, a veces también la policía".

.-¿La mentira reina en los tribunales?
A lo largo de los años me han impresionado las maneras extrañas y sorprendentes que la gente tiene de acabar inventando cosas por su propio sentimiento de inadaptación.

.-¿A qué se refiere?
He visto a multimillonarios robar cantidades de dinero irrisorias, y no es por avaricia, es simplemente porque les parece que tienen que hacerlo. Hay una multitud de maneras con que la gente intenta superar su infelicidad, y eso me ha impresionado.

.-No entiendo eso de que tienen que hacerlo, tienen que robar.
A veces, porque quieren pensar en sí mismos como personas poderosas; a veces, porque se creen tan importantes que consideran que no tienen que seguir las reglas; a veces, porque, a pesar de todo, creen que otros tienen más autoconfianza y su manera de compensarlo es robando.

.-¿Desencantado de su oficio?
Bueno, en primer lugar, creo que en la mayoría de los casos el derecho se acerca bastante al acierto; pero tengo que admitir que el negocio del derecho me desasosiega.

.-Cuénteme.
Los abogados en Estados Unidos ejercen para ganarse bien la vida, no para hacer justicia, y eso inquieta. El tipo de sistema, un poco fábrica de hacer justicia, especialmente con la gente pobre, me preocupa. Pero cuanto mayor me hago, más reconozco que algunos de los problemas con el derecho resultan de la dificultad que todos tenemos a la hora de escuchar y entender al otro.

.-A veces tienen que defender a gente que saben que es culpable.
Si yo sé que un cliente es culpable, no le dejo testificar ante el tribunal que es inocente, pero eso no significa que no ponga a prueba la demostración propia del Estado.

.-Es un tema que ha trabajado en sus libros: que un culpable acabe libre.
Muy a menudo el sistema legal es moralmente desconcertante. Es desconcertante cuando un culpable sale libre y cuando un inocente es condenado, pero después de haber reflexionado mucho sigo pensando que es la manera correcta de hacer las cosas.

.-¿Por qué falla la justicia?
Hay jueces estúpidos, abogados incompetentes y malas leyes.

.-Usted dedica parte de su tiempo a defender a gente desfavorecida. ¿Qué cree que diferencia a los ricos de los pobres?
Los pobres no se merecen ser pobres, simplemente son pobres, y eso en sí mismo marca unas diferencias ingentes.

.-Y lucha contra la pena de muerte.
Yo no creo que la ley sea jamás capaz de encontrar una manera de llegar sólo a los casos en que sea justo aplicarla. Y la realidad es que en mi país la gente que está en el corredor de la muerte son en una mayoría aplastante pobres.

.-A un abogado triunfador, ¿la moral es algo que le estorba?
Dudo que haya un abogado exitoso que pueda decir: "Nunca en toda mi carrera he hecho algo que no sea ético". Pero creo que se puede ser un abogado exitoso y ejercer éticamente.

.-Hay estudios que demuestran que el colectivo más infeliz es el de los abogados.
Sí, y hay muchos motivos: es un trabajo con muchas exigencias. Pero lo peor de todo es que siempre estás luchando contra alguien, es como un matrimonio en el que discutes todos y cada uno de tus días. Pero se gana mucho dinero, y eso, a veces, los hace todavía más infelices.

.-¿Por qué?
No se sienten realizados. En el día a día la vida de un abogado puede ser estresante y a menudo llena de rabia.

.-¿Por qué retomar la misma historia de Presunto inocente 20 años después?
Para responderme a la pregunta de por qué seguimos cometiendo una y otra vez los mismos errores.

.-¿Alguna conclusión?
Por un motivo u otro, las personas son incapaces de enfrentarse a lo que tienen que hacer para cambiar.

.-¿Cuál es la pregunta más importante que se ha hecho?
¿Puedo llegar a ser feliz?

(Entrevista publicada en "La Contra" de La Vanguardia).

miércoles, 17 de noviembre de 2010

*Un amor secreto

María amaba a Mario en silencio. Lo amó así toda la vida, desde el primer instante en que lo vio. Asistió con amor a sus nupcias con otra. Celebró felizmente el nacimiento de los hermosos hijos que aquella le dio y el de los hijos de éstos, sus nietos. Lo siguió amando ya viudo, y a lo largo del tiempo, mientras lo veía envejecer y enfermar. Lo amó cuando, finalmente, una tarde Mario murió y tocó enterrarlo, y lo siguió recordando con igual amor hasta el día en que ella misma cerró los ojos a la vida.
María murió feliz, amando a Mario sin añoranzas ni deseos de él, como había hecho siempre. Mario jamás supo de ese amor silencioso y absoluto de María, lo cual prueba –según creo- la secreta veracidad de esta historia.

(Del manuscrito "En busca del asombro").

domingo, 7 de noviembre de 2010

*La creatividad se aprende

Sir Ken Robinson, experto que preconiza un sistema educativo que enseñe a innovar. Porque a ser innovador se aprende igual que a sumar: a cualquier edad y en cualquier circunstancia, con la única condición de tener ganas. Robinson nos anima a desaprendernos de lo mal aprendido en la escuela y a renovarnos hasta encontrar nuestra propia zona creativa, para alcanzar la misma e intensa conexión con la vida que gozaron Einstein o Mozart.

Tengo 60 años: irrelevantes cuando eres capaz de crear como un niño, y todos somos capaces si queremos. Nací en un barrio humilde de Liverpool, como los Beatles, creativos sin escuela. No soy buen gregario, así que no tengo partido, pero sí política.

Un día visitando un colegio vi a una niña de seis años concentradísima dibujando. Le pregunté: "¿Qué dibujas?". Y me contestó: "La cara de Dios". -"Nadie sabe cómo es", observé. "Mejor - dijo ella sin dejar de dibujar-, ahora lo sabrán".

.-Todo niño es un artista.
Porque todo niño cree ciegamente en su propio talento. La razón es que no tienen ningún miedo a equivocarse... Hasta que el sistema les va enseñando poco a poco que el error existe y que deben avergonzarse de él.

.-Los niños también se equivocan.
Si compara el dibujo de esa niña con la Capilla Sixtina, desde luego que sí, pero si la deja dibujar a Dios a su manera, esa niña seguirá intentándolo. El único error en un colegio es penalizar el riesgo creativo.

.-Los exámenes hacen exactamente eso.
No estoy en contra de los exámenes, pero sí de convertirlos en el centro del sistema educativo y a las notas en su única finalidad. La niña que dibujaba nos dio una lección: si no estás preparado para equivocarte, nunca acertarás, sólo copiarás. No serás original.

.-¿Se puede medir la inteligencia?
La pregunta no es cuánta inteligencia, sino qué clase de inteligencia tienes. La educación debería ayudarnos a todos a encontrar la nuestra y no limitarse a encauzarnos hacia el mismo tipo de talento.

.-¿Cuál es ese tipo de talento?
Nuestro sistema educativo fue concebido para satisfacer las necesidades de la industrialización: talento sólo para ser mano de obra disciplinada con preparación técnica jerarquizada en distintos grados y funcionarios para servir al Estado moderno.

.-La mano de obra aún es necesaria.
¡Pero la industrialización ya no existe! Estamos en otro modo de producción con otros requerimientos, otras jerarquías. Ya no necesitamos millones de obreros y técnicos con idénticas aptitudes, pero nuestro sistema los sigue formando. Así aumenta el paro.

.-Pero se nos repite: ¡innovación!
La piden los mismos que la penalizan en sus organizaciones, universidades y colegios. Hemos estigmatizado el riesgo y el error y, en cambio, incentivamos la pasividad, el conformismo y la repetición.

.-No hay nada más pasivo que una clase.
¿Es usted profesor, verdad? Las clases son pasivas porque los incentivos para estar calladito y tomar apuntes que repetirá son mayores que los de arriesgarse a participar y tal vez meter la pata. Así que, tras 20 años de educación en cinco niveles que consisten en formarnos para unas fábricas y oficinas que ya no existen, nadie es innovador.

.-¿Cuáles son las consecuencias?
Que la mayoría de los ciudadanos malgastan su vida haciendo cosas que no les interesan realmente, pero que creen que deben hacer para ser productivos y aceptados. Sólo una pequeña minoría es feliz con su trabajo, y suelen ser quienes desafiaron la imposición de mediocridad del sistema.

.-Tipos con suerte...
Son quienes se negaron a asumir el gran error anticreativo: creer que sólo unos pocos superdotados tienen talento.

.-"Sé humilde: acepta que no te tocó".
¡Falso! ¡Todos somos superdotados en algo! Se trata de descubrir en qué. Esa debería ser la principal función de la educación. Hoy, en cambio, está enfocada a clonar estudiantes. Y debería hacer lo contrario: descubrir qué es único en cada uno de ellos.

.-¿La creatividad no viene en los genes?
Es puro método. Se aprende a ser creativo como se aprende a leer. Se puede aprender creatividad incluso después de que el sistema nos la haya hecho desaprender.

.-Por ejemplo...
Soy de Liverpool y conozco el instituto donde recibieron clases de música mi amigo Paul McCartney y George Harrison... ¡Dios mío! ¡Ese profesor de música tenía en su clase al 50 por ciento de los Beatles!

.-Y...
Nada. Absolutamente nada. McCartney me ha explicado que el tipo les ponía un disco de música clásica y se iba a fumar al pasillo.

.-A pesar del colegio, fueron genios.
A Elvis Presley no lo admitieron en el club de canto de su cole porque "desafinaba". A mí, en cambio, un poliomielítico, me admitieron en el consejo del Royal Ballet...

.-Ahí, Sir, acertaron de pleno.
Allí conocí a alguien que había sido un fracaso escolar de ocho años. Incapaz de estar sentada oyendo una explicación.

.-¿Una niña hiperactiva?
Aún no se había inventado eso, pero ya se habían inventado los psicólogos, así que la llevaron a uno. Y era bueno: habló con ella a solas cinco minutos; le dejó la radio puesta y fue a buscar a la madre a la sala de espera; juntos espiaron lo que hacía la niña sola en el despacho y... ¡estaba bailando!

.-Pensando con los pies.
Es lo que le dijo el psicólogo a la madre y así empezó una carrera que llevó a esa niña, Gillian Lynne, al Royal Ballet; a fundar su compañía y a crear la coreografía de Cats o El fantasma de la ópera con Lloyd Webber.

.-Si hubiera hecho caso a sus notas, hoy sería una frustrada.
Sería cualquier cosa, pero mediocre. La educación debe enfocarse a que encontremos nuestro elemento: la zona donde convergen nuestras capacidades y deseos con la realidad. Cuando la alcanzas, la música del universo resuena en ti, una sensación a la que todos estamos llamados.

(Entrevista publicada en "La Contra" de La Vanguardia).

jueves, 28 de octubre de 2010

*Hay que poder elegir el sexo del segundo hijo

Más de 10.000 mujeres viajan al año de unos a otros países de Europa por la reproducción asistida.

"No poder elegir el sexo de los hijos es una fuente de frustración y sufrimiento para muchas parejas. Ahora que técnicamente es posible, habría que poder elegir el sexo del segundo hijo. Autorizar la selección de sexo beneficiaría a mucha gente y no perjudicaría a nadie", afirma Guido Pennings, uno de los máximos expertos mundiales en bioética de la reproducción asistida, y que ha coordinado durante tres años el grupo de expertos de ética y ley de la Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología.

.-¿Por qué dejar elegir el sexo del segundo hijo y no del primero?
Porque uno de los argumentos en contra de la selección de sexo es que se utilizará de manera sexista. En los países donde las parejas prefieren tener niños que niñas, se dice, nacerían muchos más niños. Pero si se introduce el concepto de reequilibrio familiar, este argumento ya no tiene razón de ser. Si se tiene un niño, se podrá elegir una niña. Si se tiene una niña, se podrá elegir un niño. Ya no se puede decir que sea sexista.

.-¿Se podría elegir el sexo del tercer hijo?
Sólo en el caso de que los dos primeros sean del mismo sexo.

.-¿Y el del cuarto?
Sí, el reequilibrio familiar volvería a estar justificado.

.-¿Tan mala le parece la perspectiva de criar dos hijos del mismo sexo?
Es irrelevante lo que me parezca a mí. Yo no soy quién para pretender imponer mis opiniones a las parejas. La idea subyacente en esta crítica es que, si uno quiere elegir las características de sus hijos, no será un buen padre. Esto no es un argumento, es un prejuicio.

.-¿No hay que aceptar a los hijos tal como son?
Claro que hay que aceptarlos. Pero constantemente tomamos decisiones que tienen que ver con cómo queremos que sean. Elegimos cómo los educamos, el tipo de escuela al que van, si estudian piano, si juegan al tenis... Y nos parece bien elegir todo esto después del nacimiento. Pero si queremos influir antes del nacimiento entonces se dice que seremos malos padres. Esto es absurdo, no se puede utilizar el mismo argumento para defender dos ideas opuestas. Hay que confiar un poco más en los padres, que en general es gente razonable que sabe lo que hace. No se someterán a un tratamiento de reproducción asistida si no es importante para ellos.

.-¿No le parece medicalizar excesivamente la reproducción, dado que estas parejas podrían tener hijos sin recurrir a la reproducción asistida?
Estas parejas a veces desisten de tener otro hijo precisamente porque no pueden recurrir a la reproducción asistida. Tal vez usted mismo conoce casos de parejas que han tenido varios niños y hubieran deseado tener una niña y no han podido. O al revés. Y si miramos lo que ocurre en China o en India, allí la incapacidad de elegir el sexo está en el origen de infanticidios y abandonos de niñas. Estos problemas se reducirían si se autorizara la selección de sexo para el reequilibrio familiar.

.-¿Cree que algún país europeo modificará sus leyes en esta dirección?
No en estos momentos. Nadie parece estar interesado en abordar el problema. A los gobiernos les resulta más cómodo mantener la prohibición y dejar que las parejas, por lo menos aquellas que se lo pueden permitir, viajen a otros países para elegir el sexo de sus hijos.

.-¿A qué países?
Si es una pareja española, puede ir a Chipre o a Jordania, por ejemplo. O a Estados Unidos, aunque allí resulta más caro.

domingo, 24 de octubre de 2010

*La meta es la risa

Mucho se ha escrito sobre el proceso de aceptación de un hijo/a con discapacidad. De los sentimientos de desesperanza, desolación, desencanto, culpa, rabia y tristeza que, casi inevitablemente, se produce en los padres al enfrentarse a diagnósticos tales como: Parálisis Cerebral Infantil, Discapacidad Intelectual, Autismo, Síndrome de Down y otros.

Suele aconsejarse a los padres y madres que atraviesan estas situaciones tener "conformidad", "resignación", "asumir el sacrificio". En fin, con estas frases se les insinúa que no hay alternativas felices, que están condenados a la tristeza irremediable de por vida. Sin embargo, lo que ni siquiera imaginan esos padres y madres es que cuando aprenden a reírse de sí mismos, cuando resurge la risa en la familia, cuando los quehaceres se pueden realizar con alegría, se encuentran formas inauditas de resolver las difíciles situaciones diarias que se presentarán en sus vidas y la de sus hijos.

En nuestro trabajo con padres y madres de niños/as especiales hemos podido constatar como la alegría, la risa, el sentido del humor de los padres y de la familia en general, son elementos que indican que se ha realizado la aceptación del hecho, y más aún, de que se ha realizado la reconciliación con la vida misma, de que se han encontrado los mecanismos personales para asumir el reto y hacer más felices la vida de los niños.

En la película "La Vida es Bella" sobre el holocausto de los judíos, hay una escena memorable donde el padre, camino a ser fusilado, desfila con gracia y complicidad frente a su hijo, haciéndole creer que todo es un juego. Indiscutiblemente que hay una gran enseñanza en esa manera de enfrentar las situaciones difíciles.

La realidad es que los padres y las madres pierden la alegría por un tiempo, y a veces, por demasiado tiempo, sin hacer conciencia de que su hijo/a dependerá emocionalmente del estado de ánimo y del temple afectivo de los que le rodean y le cuidan diariamente.

Es por eso que la meta en la crianza de un niño/a con discapacidad, es la risa. No la sonrisa de la decepción o el desencanto, no la risa por despecho. Me refiero a la risa que produce la aceptación plena de una situación que no se puede cambiar, pero a la que le hemos encontrado sentido, la que sentimos que de alguna forma ha enriquecido nuestras vidas. La risa que se produce cuando podemos apreciar y disfrutar los mínimos progresos del niño/a, porque sabemos le ha costado un gran esfuerzo. Disfrutemos la risa que nos contagian los propios niños/as ajenos a las dificultades con la que han nacido.

(Maritza López, autora de este artículo, es Médico Psiquiatra Infanto-Juvenil y madre de un joven con Autismo y Discapacidad Intelectual).

martes, 19 de octubre de 2010

*Viví mi cáncer día a día

Hoy es el "Día internacional del Cáncer de Mama". Buen día para escuchar a una afectada como Claudia, que todo el año pasado lo vivió sumida en sesiones de quimioterapia, análisis y una cirugía. Con gran presencia de ánimo, decidió plasmarlo haciéndose fotos cada día: ahora las publica en “Claudia. Un año de mi vida”, libro cuyos beneficios cede a la Fundación FERO, del doctor Baselga (director del servicio de oncología del hospital Quirón de Barcelona), que la trató.
Contando su historia, Claudia, de aspecto frágil y ánimo férreo, ayuda con su relato a otros pacientes a seguir vinculados a la vida.

“Tengo 28 años. Nací y vivo en Barcelona. Soy fotógrafa. Vivo en pareja desde hace nueve años con Stefan, mi novio. No tenemos hijos. Hacerme una foto cada día me dio ánimos para superar mi enfermedad”.

.-¿Qué era un cáncer de mama para usted?
Lo que podía pasarle a otras.

.-Hasta que...
A los 19 años me extirparon un bultito sin importancia. Un tiempo después noté otro y pasé años sin consultar. ¡Hoy me avergüenzo! En una visita a mi ginecóloga, se alarmó y me envió al ecógrafo.

.-Y...
Me confesó que tenía mala pinta y me envió a una mamografía, tras la que los médicos me convocaron así: "Mañana te damos el resultado: no vengas sola".

.-¿Con quién fue?
Con mi novio, Stefan. Tres médicos empezaron a explicarme lo que me harían durante un año: quimioterapia, cirugía, radioterapia... No pronunciaban la palabra cáncer...

.-¿Lo hubiese preferido?
Me hubiese dado igual... ¡Todo aquello me parecía como ver una película, como si no fuese conmigo! "¿Quieres preguntar algo?", oía. Y yo sólo quería irme a mi casa.

.-¿Y en qué estado llegó a su casa?
Asustada, pero segura de que lo superaría.

.-¿De dónde sacó esa convicción?
No sé, pero así fue, y decidí que me fotografiaría a mí misma durante todo el proceso.

.-¿Para qué fotografiarse?
Soy fotógrafa y quise seguir con mi vida durante la enfermedad, no aplazar la vida para después de la operación. Quise vivir cada día de mi cáncer, sacar lo bueno.

.-¿Y lo logró?
Me fotografié cada día, desde el que me rapé la cabeza hasta después de la operación, con la cicatriz del pecho vista en el espejo.

.-¿Fue duro?
Fue terapéutico: este propósito me daba un motivo cada mañana para moverme, actuar, era una ilusión personal que me impulsaba.

.-¿Cómo se hacía las fotos?
Son autorretratos hechos en casa, buscando encuadres interesantes, mediante disparador a distancia o automático. A veces preparaba la foto y mi novio disparaba.

.-¿Cómo se veía?
Rara. Mi cuerpo iba cambiando cada día, se hinchaba, palidecía... Son fotos sinceras.

.-¿Cuál es su foto favorita?
Ésta, sentada en el suelo en un rincón, con la cabeza rapada. Me animaron a hacerme una peluca..., pero al final no la usé.

.-¿Por qué no?
Con ella me sentía falsa, mentirosa, como ocultando algo. ¿Debía avergonzarme, era acaso culpable de estar enferma? ¡No! Y con la peluca, no era yo. Me puse un pañuelo.

.-¿Cuándo se cae el cabello?
A los quince días de la primera quimioterapia. Las sesiones duraron seis meses.

.-¿Con qué otros efectos?
Los dos días siguientes, debilidad, dolor de cabeza, estornudos, un regusto metálico en la boca, como si chupases una moneda...

.-¿Qué día fue el más duro?
Sólo un día pensé en la muerte: rastreé por internet aspectos del cáncer de mama..., y me hundí. Mi novio estaba fuera, le llamé llorando... Me dio ánimos, me ayudó a remontar, como siempre. Él lo ha sido todo, soy afortunada. Y no volví a mirar internet.

.-¿Cómo vivían esto sus seres queridos?
A las personas que más me importan les expliqué yo misma... Mis padres mantuvieron el tipo ante mí. Convoqué a mis dos mejores amigas: empezaron asustadísimas... ¡y acabamos yéndonos a cenar a un restaurante que me gusta, riendo toda la noche!

.-¿Cuánto duró todo el proceso?
El diagnóstico fue en febrero del 2009, siguió la quimioterapia, la operación a finales de septiembre, y radioterapia hasta finales de diciembre.

.-¿En qué era diferente la Claudia de diciembre de la de febrero?
¡Era otra! Soy otra. Ya sé lo que es importante: vivir día a día, ser animosa, tener amigos. Hoy me siento en deuda con todos. ¡Me he sentido tan arropada! Soy afortunada, cuánta gente que me quiere tengo alrededor...

.-¿Siente gratitud?
Pienso más en los demás: me interesa de veras lo que le pasa a todo el mundo. Y ya no me agobio por bobadas: ¡tengo salud y amigos, es lo más! Me siento mejor que nunca.

.-¿Más fuerte?
¡Sí! Superar un año como ese me ha dado autoestima: nunca lo hubiese imaginado antes, pero hoy sé que yo puedo con todo.

.-¿Y no le traumatizaba pensar que perdería un pecho?
No: ¡yo luchaba por mi vida! Me lo dijo desde el primer día el doctor Baselga: "Ahora te toca luchar por tu vida". ¿Hay algo más importante que eso?

.-¿Cómo fue la operación?
Extirparon el tumor salvándome el pecho, sólo quedó una cicatriz. Ahora debo tomar una pastilla diaria durante cinco años: frena la actividad de los ovarios, para impedir así la reproducción de tumores.

.-¿Podrá ser madre?
Pasados estos cinco años, me aseguran que sí. ¡Me encantaría!

.-¿Cómo le ha quedado el pecho?
Una cicatriz en la axila, y otra en la mama. No me molesta: ¡me gusta mirarla! Me recuerda lo que he vivido y la suerte que tengo. O sea, que ¡yo no quiero olvidar nada!

.-¿Qué aconsejaría a una mujer con un cáncer de mama?
Lucha. Confía. Ánimo alto. Calma. No pienses en lo peor. Y vive cada minuto.

.-¿Y si el cáncer volviese?
Volveré a enfrentarlo.

(Entrevista publicada en "La Contra" de La Vanguardia).

lunes, 11 de octubre de 2010

*Terapia con animales

Hace 30 años que Aubrey H. Fine practica terapia asistida por animales: se le considera la máxima autoridad mundial en esta psicoterapia, que aplica a niños y adolescentes. Me cuenta casos de niños autistas a los que, mediante los perros, ayuda a relacionarse. Casos de adolescentes angustiados, o con obsesiones compulsivas o angustias, o niños con déficit de atención e hiperactividad (emplea también caballos)... Me insiste: "No es magia, es una larga compenetración con el animal adiestrado y un completo proceso de tratamiento".

.-Qué puede hacer un animal por mí?
Insuflarle ganas de seguir vivo. ¡Puede darle la vida!

.-¿Tanto?
Lo sé bien: llevo 30 años aplicando terapias asistidas por animales. La ciencia ya sabe de los efectos salutíferos del contacto con animales.

.-¿Qué animales?
Yo empleo perros, por las facilidades que dan en entornos urbanos, pero pueden emplearse caballos, burros, gatos, pájaros...

.-¿Qué clase de pacientes trata así?
Niños y adolescentes con patologías varias.

.-¿Qué patologías?
Hiperactividad y déficit de atención, autismo, depresión, ansiedad, retraso mental, síndromes obsesivo-compulsivos, mutismo social, síndrome de Tourette...

.-¿Y todo eso se cura con perros?
Los perros me asisten en la psicoterapia y aceleran los beneficios del tratamiento.

.-Lo entenderé mejor con un caso real.
Diana era una niña de cinco años. Hablaba en casa, pero cuando salía, enmudecía: jamás había pronunciado una sola palabra en el colegio, en la calle, en casas de parientes...

.-¿Qué le pasaba?
Era una mudez social, un bloqueo. Sus padres, muy preocupados, me la trajeron a la consulta. Se sentaron, y uno de mis perros adiestrados, Puppy, recostó su cabeza en el regazo de la niña. Yo noté que ella quiso decir algo, pero no pudo...

.-¿El perro está adiestrado para eso?
Son perros muy cuidados y sensibles, y captan estados de ánimo. Los adiestro yo mismo. Con un gesto imperceptible, hice volver al perro a mi lado. Y le dije a Diana: "Si le dices ´Ven, Puppy´, ¡verás como viene!".

.-¿Lo dijo?
El padre sacudió la cabeza: "¡Diana no hablará aquí!". Pero Diana dijo: "Ven, Puppy".

.-¡¿Se curó?!
¡Un morro húmedo y un corazón tibio lo consiguieron! Se desbloqueó. No se curó ahí: siguieron cinco largos meses de terapia. Primero logré que Diana hablase conmigo, después con los profesores, después con los compañeros, después con todos...

.-¿Qué tiene un perro que no tenga un psicólogo?
El niño o adolescente se protege del adulto mediante algún mecanismo de defensa, algún escudo; pero no levanta ese escudo ante el animal: no siente al perro como amenaza, sino como confortable manta de pelos.

.-Y baja la guardia.
Establece una conexión puramente emocional, directa, amorosa... La ciencia médica no habla de esto, ¡pero ya va siendo hora!

.-¿La emoción y el amor como medicina?
Yo soy también mago profesional, y uso trucos de magia y juegos de manos: abren una puerta en pacientes míos, niños que a partir de ese momento me aceptan emocionalmente, cooperan en la terapia... y así sanan.

.-¿Puede la ciencia medir los efectos del contacto con animales?
Muchos estudios constatan que cuando acaricias a un perro desciende tu presión sanguínea, descienden las hormonas marcadoras de estrés y ansiedad, aumentan los neurotransmisores del bienestar...

.-Déjeme acariciar a este perrito...
Por sus efectos salutíferos, ¡acariciar a un perro es como meterse en un spa biológico!

.-Bien visto.
Dos días antes de que operasen a mi esposa de cáncer de mama, le regalé un cachorro de golden retriever. Se llama Magic. El vínculo emocional que establecieron ayudó a mi mujer a recuperarse: sentir que un perro te quiere y te espera... ¡es un estímulo poderoso para querer vivir!

.-Sentir que alguien te quiere te da vida.
En el caso de ancianos, que suelen sentirse progresivamente aislados, desconectados, ¡frecuentar a un animal los revitaliza! ¡Incluso ralentiza el alzheimer! Cuidar al perro ayuda a focalizar la atención, y el anciano pasa de ser cuidado a ser cuidador, ¡activo!

.-Los perros acabarán financiados por la Seguridad Social...
Miles de años de convivencia con humanos han desarrollado en los perros hipersensibilidad para leer nuestro lenguaje no verbal y descifrar nuestros estados de ánimo.

.-¿Incluso una depresión, por ejemplo?
Sí. Aldrin, adolescente de 14 años, se sentó con sus padres en la consulta: vestía chaqueta militar anchísima, gorra con visera a la altura de los ojos, atenazado por una depresión... Mi perro se tumbó bajo su silla...

.-¿Y eso?
Interpretó que ese chico necesitaba protección... A los pocos días, él se autolesionó haciéndose cortes en los brazos... Cuando salió del hospital psiquiátrico, Aldrin pidió venir a mi consulta... ¡a ver al perro (no a mí)! Al verle las heridas del brazo, el perro empezó a lamérselas... Aldrin le abrazó, y rompió a llorar...

.-¿Y qué pasó luego?
Aldrin quiso volver muchas veces, y así yo pude tratarle. Cinco años después era un buen estudiante universitario. Me remitía bellas cartas para el perro. Yo le respondía como si lo hiciese el perro... ¡Mi cartero sabe bien que en mi casa viven perros que mantienen intensa correspondencia!

.-¿Qué sabe hoy de Aldrin?
Un día se personó en mi consulta, abrazó al perro y dijo: "Tú me curaste, ¡gracias!". Ver esta escena... justifica todo mi trabajo.

.-¿Cómo se llamaba ese perro?
Heart: corazón.

(Entrevista publicada en "La Contra" de La Vanguardia).