sábado, 28 de noviembre de 2009

*Respetar al otro implica respetar sus límites

Bert Hellinger nació en Alemania en 1925. Estudió Filosofía, Teología y Pedagogía. Durante 16 años trabajó como misionero de una orden católica en Sudáfrica. Más tarde se graduó como psicoanalista y a través de la Dinámica de Grupo, la Terapia Primaria, el Análisis Transaccional y diversos métodos de Hipnoterapia llegó a desarrollar su propia terapia sistémica y familiar: "Las constelaciones familiares", que le valió el reconocimiento como uno de los terapeutas claves del mundo psicoterapéutico actual.

.-La primera pregunta es sobre la curiosidad, ¿cuándo es buena y cuándo hace daño?
Gracias a la curiosidad, descubrimos el mundo. Siempre que nosotros queremos expandirnos, nos volvemos curiosos, queremos saber algo nuevo. Por ejemplo en los niños es algo muy importante; los niños están haciendo todo tipo de preguntas al mismo tiempo.

Algo distinto es cuando yo traspaso los límites del otro. En el momento en el que yo pregunto más de la cuenta, entonces lastimo su esfera íntima. Y entonces adquiero un poder sobre el otro con mi curiosidad. Y eso es inhumano. Va contra el amor.

El respeto por el otro implica que yo soy capaz de respetar sus límites. Y que soy capaz de quedarme en mí mismo. Si una persona me cuenta algo, entonces yo puedo escuchar. Pero inclusive muchas veces ni siquiera hago esto. Porque en el momento que una persona me cuenta cosas suyas también está entrando en mi esfera. También me utiliza de alguna manera. Y en ese momento… yo me cierro. No escucho. Ese es un punto donde yo pongo mucha importancia en las constelaciones familiares.

.-¿Puede poner algún ejemplo?
Cuando un hombre empieza a decirle a su mujer: ¿y cómo fueron tus relaciones anteriores? destruye el amor. Y cuando la mujer le cuenta de sus relaciones anteriores al marido, eso también destruye el amor. Existen cosas que deben permanecer privadas.

Y están las situaciones entre padres e hijos, donde los padres quieren saberlo todo de sus hijos. Jamás van a lograr saberlo. Y entonces el niño empieza a mentir. Y con toda la razón. Él se protege; es su esfera íntima. Aquí lo importante es el respeto a lo íntimo, a lo privado. Y lo privado, si lo tomamos con exactitud, es algo sagrado. En ese caso las mentiras son una medida de protección.

Por ejemplo, en las relaciones de pareja cuando uno le dice al otro, tú me tienes que decir todo, es pretender imponer el poder personal sobre el otro. Cuando la pareja respeta esa esfera privada entre el uno y el otro, entonces a veces uno le cuenta al otro lo que uno normalmente no contaría. Algo muy personal. Pero eso es un regalo que uno le hace al otro. Pero el otro no puede hacer preguntas al respecto. Se queda justo con lo que se le dijo. Esta es una de las reglas del amor.

.-¿Y esta necesidad del ser humano de hablar de nosotros mismos con la otra persona en lugar de mirarla?
Cuando alguien habla constantemente sobre sí mismo, lo que está haciendo es huyendo constantemente de sí mismo. Quien se encuentra centrado, está consigo mismo. Y esta persona generalmente dice poco. Las personas que hablan mucho, muchas veces vienen de situaciones donde se han sentido muy abandonadas.
Y generalmente, lo que están pidiendo es “por favor, mírame”. Por favor, escúchame. Por favor, ámame. Y al mismo tiempo abruman a la otra persona consigo mismos. Se quedan solos. Esa es la consecuencia. Porque los otros no tienen ganas de oírlo. Se vuelve excesivo. O sea que eso es algo que hay que tener en cuenta. ¿Pero qué le decimos a alguien que habla constantemente así?

.-¿Cómo comienza una conversación?
Con el silencio. Y después con la escucha. Con la escucha mutua. Y entonces en esa conversación se da un intercambio. Y eso lo que trae es que el uno cuenta sobre una experiencia, una experiencia que le ha traído algo a él. Y entonces eso le permite al otro ser parte de esa experiencia. Y por eso el otro no contesta inmediatamente, sino que primero entra en esa experiencia. La deja actuar dentro de sí. Y la compara con las experiencias que él tiene. Hace que algo se ponga en movimiento dentro de él. Y sólo entonces contesta. Eso es un diálogo, al final del cual las dos personas se han enriquecido.
Ellas están hablando de sí mismas, pero de una manera centrada. Y están hablando de tal manera que él otro vive una experiencia a través de ese diálogo. Eso es un intercambio hermoso.
Puesto que el que llega simplemente a abrumar al otro con lo que dice, no está escuchando nada. No puede escuchar. Entonces termina aislado. Justamente lo que él quisiera, es lo que él pierde.

.-¿Esta conversación que él compartió es parte de la entrega de la intimidad?
De alguna manera, cada uno pasa un poquito más allá de su propio límite, pero no se mete en el otro. Ellos se encuentran en un espacio en medio en el cual compartimos. Porque existe un límite doble. Uno es el límite de la piel, allí nadie puede penetrar. Eso seria gravísimo. Y luego existe un lugar en medio, un lugar de relación. Y las relaciones se dan en ese espacio, en ese lugar de en medio. Y ese lugar de en medio también tiene sus límites, no puede entrar cualquiera, pero es un espacio medio común. Como por ejemplo en una familia hay un espacio para la relación de la familia y no puede entrar el que quiera.

Y lo mismo pasa en una relación de pareja. Pero uno puede ampliar el espacio. Uno puede permitirle a alguien que comparta ese espacio, y entonces el espacio se amplia. Por ejemplo, en un matrimonio: llegan la familia del marido y la familia de la mujer a ese espacio común. Y entonces ese espació se amplia. Mas uno siente donde esta el limite.

.-¿Y qué pasa cuando uno no respeta ese límite?
Entonces uno sufre. Y el dolor y el sufrimiento también son un movimiento del espíritu. El espíritu se encarga de domarnos. Y para la próxima ya lo tendremos claro, aunque muchas veces sólo lo tendremos claro después de cien veces.

Entrevista a Bert Hellinger realizada en Marzo del 2007 en la Facultad de Bellaterra (Barcelona), al finalizar el seminario de “Constelaciones desde el Espíritu”.

13 comentarios:

  1. Jesús Rodríguez Castillo 4ºc3 de diciembre de 2009, 18:57

    Estoy de acuerdo en que en cualquier relación(amigos,parejas,padres e hijos...)hay que respetar su intimidad.
    Yo lo veo como si fuera una habitación cuadrada, la mitad es tu intimidad y la otra mitad es la intimidad de la otra persona si tu te metes en su espacio a el s lo reduces .Y dentro de esa misma habitación podemos crear un espacio en el medio y compartir.
    O muchas veces un padre se entromete mucho en los asuntos de su hijo bajo la excusa de la preocupación y los hijos al final terinan por mentir a los padres para que les dejen tranquilos.

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  2. Jesús, encuentro muy ingeniosa la metáfora de la habitación cuadrada como escenificación del espacio íntimo de las personas dentro de una relación.
    Tienes razón al afirmar que dentro de esa habitación no se puede invadir la parte del otro sin reducirla, cosa a la que, además, no se tiene ningún derecho.

    Por otra parte, es cierto que si dentro de esa habitación cada uno no cede una parte suya para conformar un espacio común en el que poder compartir sentimientos y vivencias, no sería posible establecer ningún tipo de vínculo o relación. Sería como vivir en dos habitaciones totalmente incomunicadas.

    (Ahora el sepiterno consejo: tratad de adquirir el hábito de releer siempre lo que redactáis antes de enviarlo. De este modo os daréis cuenta de si habéis cometido algun error o descuido ortográfico, y lo podréis corregir).

    Por lo demás, me ha gustado tu comentario, Jesús. Es inteligente.

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  3. Bea Gutiérrez Colino 4ºA10 de diciembre de 2009, 17:05

    En el la segunda pregunta, cuando dice que ponga un ejemplo, dice que preguntar y contar las relacciones anteriores, destruye el amor, que existen cosas que deben permanecer privadas.
    ¿Por qué destruye el amor?
    Yo pienso que si es una relaccion de pareja, las cosas no deberían permanecer privadas, ya que en esa relacción tiene que existir la sinceridad, tienes que saber como fué el pasado de esa persona, conocerla...
    Y lo que sepas de tu pareja, creo que es preferible enterarte por que él/ella,y no por terceras personas, que desde mi punto de vista esas si que son las que destruyen el amor.

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  4. Bárbara Cabanillas Arevalillo 4º ESO A10 de diciembre de 2009, 19:51

    Estoy de acuerdo con lo que dice Beatriz,pero también, desde mi punto de vista, creo que tiene que haber sinceridad ante todo, pero no siempre, porque por ejemplo, en el caso de los padres y los hijos, a veces el ser sincero influye, tal y como dice el texto, en la vida privada de ese chico. Por eso a lo mejor el saber absolutamente todo sobre esa pareja puede "malmeter" en esa relacion de amor.
    Desde mi punto de vista siempre tiene que haber sinceridad, pero teniendo en cuenta que no vaya a influir en dicha relación.

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  5. Es una cuestión muy interesante la que plantéas, Bea. Y es cierto que entre una pareja se debe compartir un espacio íntimo en el que ambos integrantes aporten cosas con total sinceridad y confianza.

    Yo creo que lo que Bert Hellinger nos señala es que todos tenemos una parte íntima que, por ser sólo nuestra, tenemos derecho a salvaguardar, y en la que nadie puede entrar sin nuestro consentimiento.
    Se trata de esa parte nuestra que únicamente mostramos a quien queremos y porque queremos, y no porque ese alguien nos presione a hacerlo. Eso es un regalo que hacemos al otro, y nadie tiene derecho a venir y robárnosla. Y si alguien al que tú amaras lo hiciera, violentando tu intimidad, ¿no crees que estaría destruyendo el amor que por él sientes?

    Respecto a que lo deseable es saber las cosas del compañero o del amigo por boca de él, y no por una tercera persona, tienes toda la razón. Pero la vida no es ideal, y a veces hay circunstancias que lo justifican.
    Por ejemplo, en ocasiones, por proteger a alguien al que queremos, no vemos empujados a advertirle de algo de lo que parece no darse cuenta.
    También es verdad que hay gente que se entromete en una relación de dos personas con ánimo de destruir esa relación.

    En fin, Bea, el tema que has sacado da para un interesantísimo debate. Así que gracias por tu rica aportación.

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  6. Estoy muy de acuerdo contigo, Bárbara.

    Creo que tu comentario se complementa muy bien con la opinión de Bea y también con la de Jesús.

    Es verdad que no siempre puede ser bueno saberlo TODO del otro. De hecho creo que es imposible, dado que ni siquiera uno lo sabe todo de sí mismo.
    Como le he comentado a Bea, tomemos el conocimiento de la intimidad del otro como un regalo, y no como un requisito para amarlo.

    Gracias también a ti, Bárbara, por tu aportación.

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  7. Estoy totalmente de acuerdo con la total sinceridad que debemos tener en la relación de pareja, pero muchas veces las verdades duelen y ahi muchas cosas que es mejor callarse.
    Respecto a una relación de pareja, por ejemplo, ahi personas que suelen decir cosas ofensivas a el prójimo, esas personas suelen ser personas envidiosas, y su intención es destruir la felicidad de aquella persona, pero también ahi personas que dan su opinión desde lo que ella o el a visto o también ha podido vivir. Son dos cosas totalmente distintas ya que tu puedes dar tu punto de vista sobre un acto que crees que no puede dañar a aquella persona, por no ver sufrir a aquella persona, y por otro lado intentar destruir la relación, diciendo cosas que sabes que dañan a el prójimo. En muchas ocasiones se confunden totalmente las dos opciónes.

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  8. Bea Gutiérrez Colino 4ºA10 de diciembre de 2009, 22:09

    Carmen,¿sabes por qué creo yo que muchas veces nos roban nuestra intimidad?
    Por miedo, miedo a nuestra pareja, a que nos amenace con dejar, a que el tipo de relacción que llevamos cambie...y encima de que nos la roban, nosotros nos damos cuenta, y dejamos que nos la quiten.
    Respecto a lo que ha dicho Silvia, creo que esas dos opciones no se deberían de confundir si las decimos bien, de una buena forma.

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  9. Esto que afirmas es muy cierto, Bea, y, tristemente, ocurre en un gran porcentaje de parejas. Por eso se dice que “el miedo une más que el amor”; el miedo a que te dejen, el miedo a quedarse solo. ¡Por miedo permitimos tantas cosas! ¡Y nos perdemos tantas otras!

    Piénsalo, ¿qué clase de amor puede estar basado en el miedo, en el poder sobre el otro, o en la dependencia del otro? Por eso, la primera condición para amar y ser amado de verdad es perder el miedo.

    Por otra parte, ¿por qué la gente tiene tanta prisa en eso del amor? Hay que ser capaces de vivir con serenidad y alegría, aún cuando no se tenga un amor concreto, porque ese tipo de amor llega cuando uno está preparado. Y quien tiene miedo no lo está y sufrirá, ya sea estando solo, ya sea estando acompañado.

    Créeme, Bea: el amor no da miedo, y si da miedo, no es amor. Será otra cosa…

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  10. Has entendido bien el texto, Silvia. No obstante vamos a seguir trabajando la redacción de tus buenos comentarios.

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  11. Bea Gutiérrez Colino15 de diciembre de 2009, 0:35

    Carmen, ¿y otro miedo pordrían ser los celos?

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  12. En efecto, Bea, los celos son un sentimiento de temor a perder a la persona amada.
    En una pareja, sufrir celos de forma esporádica y moderada es una respuesta emocional relativamente normal, pero sentirlos de manera exagerada y descontrolada lo convierten en algo patológico. Esto es señal de que a nivel psicológico hay algo que no va bien.
    Cuando los celos son enfermizos nublan la razón de quien los padece. Sus sospechas se basan, la mayoría de las veces, en hechos infundados y, el constante temor a ser abandonados les lleva a ejercer un continuo control sobre su pareja.
    La razón principal de ser celosos es la falta de confianza en uno mismo: las personas inseguras muchas veces no se sienten merecedoras del amor de su pareja y esto les lleva a desconfiar de la sinceridad y cariño del otro. Siempre están pensando en que en cualquier momento su pareja puede conocer a alguien mas atractivo y tienen miedo a ser dejados.
    Te adjunto el link a un artículo del blog “Los besos que no damos” por si te interesa leer algo más sobre las consecuencias de los celos infundados.

    http://losbesosquenodamos.blogspot.com/2009/07/la-locura.html

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  13. Bea Gutiérrez Colino16 de diciembre de 2009, 23:16

    Vale, gracias!

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