jueves, 25 de febrero de 2010

*La quinta historia

Esta historia se podría llamar "Las Estatuas". Otro nombre posible sería "El Asesinato". Y también "Cómo Matar Cucarachas". Voy a escribir entonces tres historias verdaderas, porque ninguna de ellas desmiente a la otra. Aunque una sola serían mil y una, si me mil y una noches me dieran.

La primera, "Cómo Matar Cucarachas", comienza así: me quejé de las cucarachas. Una señora escuchó mi queja. Me dio la receta de cómo matarlas. Que mezclase, en partes iguales, azúcar, harina y yeso. La harina y el azúcar las atraerían, el yeso las quemaría lo de adentro. Así lo hice. Murieron.

La otra historia es de hecho la primera y se llama "El Asesinato". Comienza así: Me quejé de las cucarachas. Una señora me oyó. Sigue lo de la receta. Y entonces entra el asesinato.

La verdad es que sólo en abstracto me había quejado de las cucarachas, que, además, ni siquiera eran mías: pertenecían a la planta baja y escalaban las cañerías del edificio hasta nuestro hogar. Sólo a la hora de preparar la mezcla fue cuando se volvieron también mías.

En nuestro nombre, entonces, comencé a medir y pesar ingredientes con una concentración un poco más intensa. Un vago rencor me había invadido, un sentido del ultraje. De día las cucarachas eran invisibles y nadie creería el mal secreto que roía una casa tan tranquila. Pero si ellas, como los males secretos, dormían de día, allí estaba yo preparándoles el veneno de la noche. Meticulosa, ardiente, preparaba el elixir de la muerte lenta. Un miedo excitado y mi propio mal secreto me guiaban. Ahora sólo quería fríamente una cosa: matar a cada cucaracha que existiese.

Las cucarachas suben por las cañerías mientras que nosotros, cansados, soñamos. Y he aquí que la receta estaba lista, tan blanca. Como era para cucarachas astutas como yo, esparcí hábilmente el polvo hasta que éste más parecía formar parte de la naturaleza.
Desde mi cama, en el silencio del apartamento, las imaginaba subiendo una a una hasta el patio interior donde la oscuridad dormía, sólo una toalla colgaba despierta en el tendedero.
Desperté horas después sobresaltada por mi atraso. Ya era de madrugada. Atravesé la cocina. Allí, en el suelo del patio estaban ellas, tiesas, grandes. Las había matado durante la noche. En nuestro nombre, amanecía. En el monte cantó un gallo.

La tercera historia que ahora se inicia es la de "Las Estatuas". Comienza diciendo que me había quejado de las cucarachas. Después viene la misma señora. Prosigue hasta el punto en que, de madrugada, me despierto y, todavía somnolienta, atravieso la cocina. Más somnoliento que yo está el patio en su perspectiva de azulejos. Y en la oscuridad de la aurora, un tinte violáceo que lo distancia todo, distingo a mis pies sombras y blancuras: decenas de estatuas se desparraman rígidas. Las cucarachas que se había endurecido de adentro hacia afuera. Algunas panza arriba. Otras en medio de un gesto que no se completaría jamás. En la boca de algunas un poco de comida blanca. Soy el primer testigo del amanecer en Pompeya. Sé cómo fue esta última noche, sé de la orgía en la oscuridad. En algunas el yeso se habrá endurecido tan lentamente como en un proceso vital, y ellas, con movimientos cada vez más penosos, habrán intensificado ávidamente las alegrías de la noche, tratando de huir de dentro de sí mismas. Hasta que se vuelven de piedra, en un espanto de inocencia, y con la mirada ciega de afligida censura. Otras, súbitamente asaltadas por el propio interior, sin haber tenido siquiera la intuición de un molde interno que se petrificaba, ésas de pronto se cristalizan, así como la palabra es cortada de la boca: yo te...
Ellas que, usando el nombre del amor en vano, en la noche de verano cantaban. Mientras que aquella de ahí, la de antena marrón, sucia de blanco, habrá adivinado demasiado tarde que se había momificado justamente por no haber sabido usar las cosas con la gracia gratuita de lo que es en vano: “Es que miré demasiado hacia dentro de mí; es que miré demasiado hacia dentro de...”, desde mi fría altura de persona miro la destrucción de un mundo. Amanece. Alguna que otra antena de cucaracha muerta tiembla seca con la brisa. El gallo de la historia anterior canta.

La cuarta narrativa inaugura una nueva era en el hogar. Comienza como se sabe: me quejé de las cucarachas. Va hasta el momento en que veo los monumentos de yeso. Muertas, sí. Pero miro los cañerías, por donde esta misma noche se renovará una población lenta y viva, en fila india.
¿Entonces renovaría yo todas las noches el azúcar letal, como quien ya no duerme sin la avidez de un rito? ¿Y todas las madrugadas me conduciría sonámbula hasta el pabellón, en el vicio de ir al encuentro de las estatuas que mi noche sudada levantaba? Me estremecí de placer ruin ante la visión de aquella doble vida de hechicera. Y me estremecí también ante el aviso del yeso que se seca: el vicio de vivir que haría estallar mi molde interno. Áspero instante de elección entre dos caminos que, pensaba yo, se dicen adiós, y segura de que cualquier elección sería la del sacrificio: yo o mi alma. Elegí. Y hoy ostento secretamente en el corazón una placa de virtud: “Esta casa fue fumigada”.

La quinta historia se llama "Leibnitz y la trascendencia del amor en la Polinesia". Comienza así: me quejé de las cucarachas…

("Cuentos reunidos" de Clarice Lispector. Edit. Alfaguara).

4 comentarios:

  1. Maite Rodríguez 1ºBACH (CCSS)1 de marzo de 2010, 17:20

    Hola Carmen:
    Bueno, para empezar he tenido que leer las historias tres veces y le he dado muchos sentidos pero nose no me cuadran...
    Lo que no llego a entender es porqué se queja de ellas y las mata cada noche.
    Pienso que es como todos alguna vez en nuestra vida, nos obsesionamos, porque quizá tenga una visión mala de las cucarachas pero en realidad a ella no la ocasionaba ningún mal, ¿no?
    Nosé, me gustaría que me lo explicaras un poco porque me he quedado con la duda. Un beso

    ResponderEliminar
  2. No sé si tiene algo que entender Maite. Se trata de historias contadas que transmiten ambientes, personalidades y por supuesto pretenden entretener. Y en concreto en este caso resultan hasta divertidas y un poco morbosas. En el sentido de que casi que al final disfruta matando las cucarachas cada noche, se convierte en un rito.

    ResponderEliminar
  3. Mavile 1º Bachillerato (Ciencias)3 de marzo de 2010, 22:59

    Hola Carmen:

    El ser humano es el animal más cruel que existe en la Tierra, eso se demuestra una vez más en este texto.

    Leyendo La quinta historia, por una parte siento pena por las pobres cucarachas y por la muerte tan dolorosa que les espera en esta historia, pero por otra parte, las personas hoy en día no pueden compartir su techo con esa especie.

    Sabiendo el peligro que representan las cucarachas, ya que son transmisoras de muchas infecciones y dan lugar a una situación antihigiénica.

    Pero entonces debe haber un modo de librarse de estos insectos. En este momento, nos surgen preguntas morales ¿matar a las cucarachas? o ¿tienen derecho a vivir en nuestras casas? o ¿hay un modo de liberarse de ellas sin matarlas?

    Existen 3.500 especies de cucarachas, pero tan sólo 20 especies pueden ser molestas para el hombre.

    En este caso no creo que haya peligro de extinción de la especie, por que las cucarachas se reproducen muy rápidamente y se adaptan a casi cualquier clima. Pero en la Tierra hay muchas especies en extinción por culpa del hombre principalmente, por la caza de animales.

    Si los animales matan para sobrevivir, los humanos matan para disfrutar, en muchos de los casos, sin pensar en las consecuencias de sus actos.

    Curiosidades: las cucarachas pueden estar sin respirar al rededor de unos 40 minutos. El ciclo de vida de las hembras es de un año, en este periodo de tiempo en condiciones favorables pueden dejar cerca de unos 300 a 400 descendientes.

    Además, creo que la especie humana en el Universo también puede llegar a molesta a alguien, a si como un día las cucarachas molestaron al hombre. Como en el caso del último día de Pompeya. (el amanecer de las cucarachas)

    Yo estoy de acuerdo contigo Carmen, que al final el personaje de la historia preparar la mezcla como un rito, y esto pasa a formar algo habitual de su día a día, a si como encontrarse a las cucarachas muertas por las mañanas. Pero aun así el personaje siente un remordimiento por matarlas.

    Un saludo.

    ResponderEliminar
  4. Mavile:

    que la especie humana es capaz de lo mejor y de lo peor, no hay duda. Basta con conocer un poco la historia de este animal que llaman racional; es suficiente con tener los ojos abiertos al momento que uno vive, a lo que ocurre en el entorno en el que uno habita. Sobra con ver el telediario.

    Pero vayamos a “La quinta historia”. Todo cuento, también éste, es, en realidad, uno o mil cuentos: tantos como interpretaciones haga de él cada lector. Es lo que tiene la literatura, la poesía, el arte en general. Y acercarse al arte con una actitud exclusivamente racional (no es tu caso), es como comerse un buen guisado teniendo sólo en cuenta las calorías y proteínas que éste nos aporta, y dejando de lado el sabor, el aroma, el placer de degustar esa obra de arte que ha estado cociéndose sobre un fuego paciente y sabio.
    Las opiniones y criticas sobre la calidad del guiso forman parte del agradable ritual de compartir algo bueno con los otros: es lo que llamamos la sobremesa. Son dos momentos distintos de una misma experiencia. Ambos complementarios, y yo diría que necesarios si se aspira a la excelencia.

    Es cierto que no podemos convivir bajo el mismo techo con las cucarachas, o con las ratas. Se nos comerían. Y hay que mantenerlas a raya, porque aniquilarlas totalmente no parece posible.

    Pienso que todo bicho viviente existe por alguna causa y cumple alguna función necesaria. Luego, la lucha por la supervivencia de cada especie instaura un cierto equilibrio. La naturaleza sabe. Hay ciertas cuestiones éticas que simplemente escapan a nuestro control, y que, por tanto, dejan de ser cuestiones éticas.

    Me ha llamado mucho la atención los datos que aportas: la existencia de 3.500 especies de cucarachas, de las que tan sólo 20 especies pueden ser dañinas para el hombre, y todo lo que nos cuentas sobre su ciclo de vida y su gran fecundidad. Siempre es bueno investigar, buscar más información. Eso está muy bien, Mavile.

    Estoy de acuerdo contigo en que la especie humana es la responsable de la extinción de miles de especies animales, cuya desaparición altera el orden armónico de ese gran organismo que es la naturaleza. También los daños ambientales causados por el hombre traerán consecuencias graves. De hecho, ya las estamos empezando a sufrir.

    Una entre las miles de posible interpretaciones de “La quinta historia” sería que las cucarachas representan el mal que secretamente nos amenaza y que a diario debemos aniquilar, sabiendo que nunca lograremos exterminarlo del todo, que cada noche ese mal, revitalizado, volverá a trepar silenciosamente por las cañerías, obligándonos a perpetuar nuestro ritual de aniquilación y masacre que nos roba el descanso y el sueño, sí, pero que a la vez nos embriaga de un poder hechizante del que ya no podemos prescindir: podemos, como hizo Hitler con el pueblo judío, estigmatizar como la representación del mal a cualquier persona, raza o población y, en nombre de esta cruzada, convertirnos en crueles verdugos de seres semejante a nosotros.
    Basta con mezclar los ingredientes de la seducción de una idea (el azúcar que atraerá a las cucarachas) y la perversión del blanco y corrosivo yeso (la “obligación patriótica” de acabar con un “enemigo” que nos invade para destruirnos).
    Lo demás lo hace la desquiciada embriaguez de poseer el poder sobre la vida y la muerte de otros seres. Un poder, que cuando se experimenta, crea una perversa e irrefrenable adicción, y saca la parte más monstruosa que anida en el hombre deshumanizado…

    Bueno, Mavile, ya ves que sobre un cuento u obra de arte toda especulación es lícita.
    Yo siempre procuro quedarme con el placer de degustar el buen guiso, y luego disfrutar, claro que sí, de la agradable sobremesa en buena e inteligente compañía.

    Parte ortográfica:

    -al rededor de unos 40 minutos: alrededor de unos 40 minutos.

    -a si como encontrarse a las cucarachas muertas por las mañanas: así como encontrarse a las cucarachas muertas por las mañanas.

    Muy interesante tu comentario, Mavile.

    Un saludo.

    ResponderEliminar